Estatua del Cid Campeador

En el centro de la ciudad de Burgos, podemos encontrar una gran estatua de bronce de un guerrero montado a caballo que con su espada apunta al horizonte, desafiante, mostrando su coraje y su voluntad de llegar al final. Es la estatua del Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar, un noble que en la Edad Media se atrevió a dudar de su rey y fue desterrado al exilio. Su mítica historia es conocida en toda España y ha sido llevada al cine. Por eso el Cid se ha convertido para muchos burgaleses en un icono de victoría, exito y valentía. De él se dice que fue incluso capaz de ganar una batalla en Valencia cuando ya había muerto, gracias a que sus enemigos se retiraron al verle montado a caballo.
La estatua del Cid Campeador está situada en el centro de la ciudad de Burgos, junto al Puente de San Pablo, y frente al Teatro. Esta en la calle, por lo que el acceso es libre y gratís. Fue diseñada por Juan Cristóbal e inagurada en 1955. La obra de arte es enorme aunque los críticos de arte señalan que pesa más su valor simbólico que el artístico. También resulta curioso darse cuenta de que en ella más que la realidad histórica se busca la exaltación de un ideal heroico cristiano, el mito del guerrero, el caballero que luchó con sus espadas Tizona y Colada

El monumento está situado en un pequeño jardín, y consta de un enorme pedestral de planta cuadrangular construido con granito de varios tipos y piedra caliza. Sobre este baluarte de roca se encuentra una obra de bronze de gran detalle y casi 4 metros de altura. La escultura ecuestre incluye a la montura del Cid y al guerrero, preparado para la guerra, con una larga barba, una capa blandida al viento y equipado con su armadura. En el pedestral de piedra se pueden leer dos inscripciones que ensalzan el papel heroico del Rodrigo Diaz de Vivar.

La primera piedra del monumento la colocó un rey durante un día de eclipse solar. En realidad el proyecto de la estatua del Cid arrancó a principios del siglo XX. En 1904 se constituyó una comisión para la realización del monumento y en 1905 se puso la primera piedra. El encargado de hacer este gesto fue el rey Alfonso XIII, de la dinastia francesa de los borbones, y lo hizo el 29 de agosto de 1905, fecha en el que fue a Burgos a observar el eclipse solar.

La postura del ginete. Si se observan las piernas del Cid Campeador, podrás ver que las lleva rectas. Esto se debe a que en la Edad Media los caballeos cristianos cabalgaban así, apoyando todo el peso del cuerpo en los estribos. Montar con las piernas dobladas, “a la jineta” era propio de los árabes.

El equilibrio de la figura del caballo. La estatua se mantiene en pie porque es de una sola pieza y está anclada en su base, pero la anatomía y distribución del peso no es demasiado buena. La intención del autor de darle mayor dinamismo hace que este en claro desequilibrio, un caballo real en esta posición no se sostendria. También la posición de la cabeza está forazada.

Babieca, ¿yegua o caballo? En la estatua del Cid de Burgos el guerrero cristiano va montado sobre un caballo, del que se pueden apreciar sus genitales. ¿Pero Bavieca era macho o hembra? En diferentes lugares he visto nombrado a la montura del Cid como un caballo de guerra y en otras como una yegua. No sería de extrañar que a lo largo de su vida tuviera varios caballos, aunque en el imaginario de las personas se asocie al Cid con una montura llamada Bavieca. Según la leyenda el mismo Rodrigo Díaz de Vivar, pidió que se enterarra a Bavieca con él y su mujer.

Iglesia de Santa Agueda

La iglesia de Santa Gadea o de Santa Águeda debe su fama a un suceso histórico: Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, obligó a Alfonso VI el Bravo, rey de León, a jurar que no había tomado parte en el asesinato de su propio hermano, el rey Sancho II de Castilla, quien fue asesinado ante los muros de la ciudad de Zamora en el año 1072, ciudad que se hallaba en manos de su hermana, la infanta Urraca de Zamora, que protegía los intereses de su hermano Alfonso, quien se hallaba refugiado en el reino de Toledo. El juramento se hizo en esta pequeña iglesia ya que a Santa Gadea se encomendaba de un modo especial la fidelidad de los juramentos. El rito consistía en repetir una fórmula sacramental tocando con la mano algún objeto sagrado que, en el caso de Burgos, era el cerrojo. La antigua pieza se retiro en el año 1500 y, actualmente, recuerda la tradición otro cerrojo de reciente factura, realizado por Ángel Cuevas. El juramento de Santa Gadea se rememora también en el interior del templo. Lo hace, por ejemplo, en una vidriera recientemente restaurada que adorna una original capilla situada a la derecha del ábside. Cabe destacar que la iglesia actual no es la misma que existía en la época de la famosa jura de Santa Gadea, aunque sí el lugar, como podemos apreciar por la placa que está colocada en la pared exterior junto a la puerta de entrada.

La capilla fue costeada por D. Hernando de Escalada, cuyo escudo adorna uno de los laterales. Junto a él, la Virgen de la Soledad, una imagen conocida sobradamente por los burgaleses que cada año asisten a las procesiones de Semana Santa.

El resto del templo es extremadamente sencillo, lo que le confiere una belleza especial. Se observan diferentes etapas constructivas, la del gótico del siglo XIV de algunas de sus bóvedas, la del XV de la del ábside y la del XVII del arco del coro.

Pero la obra maestra de Santa Águeda es el baptisterio. Una posible obra de Juan de Vallejo, autor del cimborrio de la catedral.

En él fue bautizado el Hermano Rafael, monje trapense beatificado en 1992. Su imagen se encuentra frente al baptisterio, en una vidriera recientemente construida.

Salpican las paredes del templo, obras de gran categoría artística. Entre ellas, la Coronación de la Virgen, de estilo barroco, restaurada hace unos años, y el cuadro atribuido al maestro Cerezo que representa a San Juan de Sahagún dando limosna a los pobres.

 

Iglesia de San Nicolas de Bari

La iglesia de San Nicolás de Bari, una de las más antiguas de la ciudad, ya mencionada en 1163 entre las once iglesias de Burgos de la Bula de Alejandro III, en la calle Fernán González, subiendo las escaleras de la Plaza de santa María, junto a la fachada occidental de la catedral de Burgos, un enclave privilegiado, en pleno trazado del Camino de Santiago, es una gran desconocida para muchos de los visitantes que se acercan a Burgos.

En la  segunda mitad del siglo XV , intervendrían los Colonia y Gil de Siloe y muestra la proyección social del templo en esa época, elegida como lugar de enterramiento de las poderosas familias burgalesas de los Maluenda, los Cerezo, los Villarán o los Polanco, que también la dotaron de destacadas obras de arte.

La portada presenta triple arquivolta con decoración vegetal y angelotes abarcada por un arco conopial flanqueado por pináculos. En el tímpano aparece una imagen de san Nicolás en cátedra flanqueado por san Sebastián y san Vitores. Conserva las puertas de roble, nogal y pino de comienzos del siglo XVI, que algunos autores también atribuyen a Francisco de Colonia. Se dividen en cuarterones con escenas de la vida del santo al que está dedicada la iglesia.

El templo tiene planta de cuadrilátero irregular dividida en tres naves separadas por cuatro grandes pilares, con las laterales con cubierta de crucería simple y la central con bóveda cuatripartita de terceletes, recibiendo la luz a través de sencillas ventanas y de dos rosetones.

Tiene coro a los pies que ocupa el último tramo de la nave central, destacando el antepecho gótico flamígero y la bóveda de terceletes.

Entre los dos primeros pilares de la nave central llama la atención un arco escarzano que fue colocado a fines del siglo XVI por Pedro de Castañeda y Pedro de la Torre para contrarrestar los empujes de las naves laterales.

El retablo mayor, realizado en 1505 y atribuido a Francisco de Colonia según un diseño de Simón, su padre, es de piedra caliza de Hontoria de la Cantera, un encargo del comerciante burgalés Gonzalo López de Polanco y su esposa, Leonor de Miranda, conformado como su monumento funerario y que sigue una costumbre arraigada en Burgos por la que los ricos mercaderes, emulando a las grandes familias nobles, se patrocinaban lujosos enterramientos, incluso con similitudes con el retablo de Cartuja de Miraflores, encargo de Isabel la Católica a Gil de Siloe para honrar a sus padres, para los que el escultor también realizó sus monumentos funerarios, en La Cartuja.

Ocupa todo el testero de la nave central, dividido en tres calles y predela. La parte superior es un añadido de madera realizado en el siglo XVIII aunque presidido por una imagen del Salvador del siglo XV que algunos autores consideran de Gil de Siloe.

En cuanto la predela, en los extremos se sitúan los fundadores orantes flanqueados por sus blasones y protegidos por ángeles. En el centro se representan la Última Cena y la Oración en el Huerto junto a ángeles con los instrumentos de la Pasión en las entrecalles.

La calle central está subdividida en dos cuerpos. El bajo está presidido por la escultura de san Nicolás rodeado de ocho escenas de su vida y milagros. En cuanto al superior, presenta una Coronación de la Virgen rodeada de siete coros angélicos, los Evangelistas en las esquinas y san Miguel debajo.

Las calles laterales están divididas en seis cuerpos con santos bajo doseletes y hornacinas y en la parte baja se encuentran los sepulcros de los fundadores. El de Gonzalo López de Polanco y  Leonor Miranda está a la derecha, con yacentes de pizarra y alabastro, una Epifanía sobre el arco conopial y urna sepulcral con blasones.

“El noble varón Gonzalo López Polanco y su esposa Leonor Miranda, autores de este sagrado y primario altar, descansan en este túmulo, los cuales dotaron esta iglesia de honestas rentas. Falleció él en el año de 1505 y ella en 1503”.

Justo a su derecha, sobre el pilar que sustenta el primer arco de separación con la nave de la Epístola, se ubica un relieve de Santiago Matamoros, no en vano estamos en pleno Camino de Santiago, y una cartela que recuerda que debajo están enterrados don Gregorio de Polanco, nieto del fundador, y su esposa, doña María de las Almas, fallecidos en 1552 y 1564 respectivamente.

En el año 2000 se realizó una intervención integral en el templo que incluyó también la restauración del retablo mayor, recuperándo el aspecto original. Durante dicho proceso se llegó a la conclusión de que la actual policromía se corresponde con distintos momentos históricos.

En origen, una vez terminado el retablo, hacia 1506, se procedió al policromado mediante carnaciones de todas las figuras, brocados en las vestiduras de las figuras del rosetón y parte de las que rodean a san Nicolás y aplicación de dorados. Apenas quedan restos de esta primitiva labor.

Con posterioridad, y quizá por el estado de conservación pero también por el cambio de gusto, a fines del siglo XVIII la obra fue sometida a una “limpieza” en la que se eliminó gran parte de la policromía original dejando a la vista gran parte de la piedra blanca de soporte. Además, según el gusto neoclásico de combinar blanco y oro, se aplicaron láminas metálicas circulares y de distinto tamaño en muchas de las vestiduras. Quizá también fuera en este momento cuando se colocó el remate de madera en la cornisa superior. Parece ser que sólo los sepulcros presentaban aplicación de pátina monócroma gris.

En una tercera intervención se completó la intervención con decoraciones de cintas, lazos y flores doradas y después se aplicó sobre las zonas policromadas una capa de barniz que ocultó gran parte de la policromía conservada.

Otra de las obras más impactantes de la iglesia es el Retablo de san Miguel, en el primer tramo de la nave del Evangelio. Aunque su armadura es del siglo XVIII, contiene diez tablas hispanoflamencas de la segunda mitad del siglo XV atribuidas al llamado Maestro de san Nicolás, pensándose que pertenecerían al primitivo retablo mayor, que sería sustituido por el actual de piedra. Se divide en tres calles, con la central presidida por las esculturas de la Virgen de la Alegría y san Miguel y las laterales con cuatro entrepaños con ocho de las diez tablas, con escenas de la vida del santo titular con los donantes. Las otras dos, coronando las calles laterales, son una Anunciación y Herodes entronizado presenciando la Matanza de los Inocentes.

“Iglesia de San Nicolás de Bari”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Monasterio de Santo Domingo de Silos

 

Se encuentra a 60 km de Burgos, su término municipal comprende las aldeas de Peñacoba, Hortezuelos e Hinojar de Cervera.

La localidad está situada en un nudo de caminos históricos: la Ruta de la lana, el Camino del Cid, ruta del destierro de El Cid, y el Camino Castellano Aragonés.

La población, en la ribera del río Mataviejas o Ura, conserva un interesante conjunto monumental que incluye restos de murallas, algunas casonas blasonadas, una iglesia gótica, el Museo de los Sonidos de la Tierra, que expone instrumentos musicales de los cinco continentes y principalmente, el monasterio del mismo nombre que le da fama.

Forma parte de la Mancomunidad de La Yecla, con sede en Santa María del mercadillo.

Ya en tiempos de los visigodos hubo allí un cenobio dedicado a San Sebastián, que en la época del conde Fernán González fue restaurado y ampliado. Pero algo después, hacia 1042, el edificio sufrió otra profundísima renovación, bajo la iniciativa de un monje nacido en Cañas, La Rioja, de nombre Domingo.

El monje pasó por San Millán y acabó impulsando la comunidad de este lugar por encargo del rey Fernando I, emprendiendo una magnífica obra románica, de la que únicamente quedan los claustros y la Puerta de las Vírgenes. Lo demás es ya obra de los siglos XVIII y XIX, básicamente neoclásica.

La fama de santidad de Domingo y su canonización generaron un notable atractivo para esta comunidad benedictina, de la que fue responsable hasta su muerte, en 1073.

El cenobio estaba deteriorado en el siglo XVIII y se emprendió una restauración en 1733, que continuó hasta inicios del XIX, con participación, entre otros, de Ventura Rodríguez. Por suerte se acabaron los fondos y no se eliminó toda la obra anterior.

Destaca en el conjunto monumental el patio interior de dos pisos, de 22 por 24 metros, sumamente armónico, construido con arquerías de doble columna, salvo en el centro, donde existen sendos haces de cuatro columnas.

Son magníficos los capiteles, donde se denota una amplísima temática, en la que destacan ejemplares claramente enraizados con el arte andalusí.

En la galería norte del claustro inferior se halla el sepulcro de Santo Domingo, precedido de una estatua yacente con la efigie del monje, que descansa sobre un grupo de tres leones.

El claustro superior es también bello, aunque más sencillo y, obviamente, posterior que el de abajo.

Desde el patio se contempla una interesante imagen, en la que se puede comparar la gracia románica con la austeridad o pesadez de los muros de la iglesia y del sólido campanario del XVIII.

La iglesia es neoclásica, realizada con planos de Ventura Rodríguez.

Entre las dependencias monacales también hay una botica dieciochesca, con bella colección de cerámica de Talavera, y un museo, en el que se exponen piezas principales que se salvaron de la desamortización, tales como esculturas mozárabes y románicas, restos del viejo monasterio, piezas de orfebrería, esmaltes, etc.

En las cercanías de Santo Domingo está el desfiladero de La Yecla, cañón del río Mataviejas, atractivo natural.

“Monasterio de Santo Domingo de Silos”

Paseo de la Isla

El paseo de la Isla es un paseo de corte romántico ubicado en la margen derecha del río Arlanzón a su paso por Burgos. Su nombre proviene de una antigua isla formada entre el río y varias esguevas.

Cuenta con una longitud aproximada de 800 metros y una anchura de 120 y se extiende desde el puente de malatos hasta el puente Castilla. Cuenta con una notable variedad botánica y de varios monumentos. En 2011, se realizó una rehabilitación del paseo, que incluyó la reparación de monumentos, mejora de los jardines y de las zonas de paseo, así como nuevo mobiliario urbano.

Por tratarse de una ciudad amurallada, y debido a la angostura de sus calles, no se podían instalar paseos en el interior del recinto. Por este motivo los moradores que deseaban gozar de la naturaleza se veían obligados a salir del recinto amurallado y dirigirse a las amplias avenidas de árboles que existían en las afueras. Los mercaderes de lanas tenían instalados sus lavaderos en las inmediaciones del puente Malatos, conociéndose este lugar como «paseo de los Lavadores». La desaparición de esta actividad permitió ajardinar el paraje.

El río Arlanzón a su paso por el casco urbano de la ciudad recibía el nombre de Merdancho y regaba las huertas del barrio de San Pedro de la Fuente.

A finales del Siglo XIX se construye una vistosa y artística cascada, empleando estalactitas y estalagmitas de la cueva de Atapuerca, formándose con ella una gruta abierta en la parte posterior del estanque. Sostienen la parte rocosa dos figuras representativas de otras tantas sirenas.

Enriquecido a principios del Siglo XX con valiosas obras arqueológicas, como son:

Arcos de Castilfalé. procedentes de una granja próxima a la ciudad y donados por el conde de Castilfalé.

Fuente del claustro del Monasterio de San Pedro de Arlanza.

Crucero proveniente de San Pedro de la Fuente.

Pila bautismal de la desaparecida iglesia de San Martín.

Fuente proveniente del paseo de la quinta.

Portada de la ermita románica de Cerezo de Río Tirón.

“Arcos de Castilfalé”

Castillo de Burgos

El castillo es una fortaleza situada en la ciudad española de Burgos. Se encuentra en el cerro de San Miguel elevado 75 m sobre el nivel de la ciudad. La primera torre fue levantada por el conde Diego Porcelos en los tiempos de la reconquista, en el año 884. Conforme fue aumentando la importancia del emplazamiento defensivo, se dio paso a un castillo y a elementos defensivos más complejos.

Recientes excavaciones arqueológicas han permitido descubrir los restos de la Puerta Sur. Se trata de un muro quebrado, abierto a un vano flanqueado por sendas torres de planta semicircular. La puerta principal, abierta en el frente noroccidental, dispone de un pasadizo en bóveda.

Como parte del complejo subterráneo, el pozo (popularmente conocido como Cueva del Moro) cuenta con galerías de más de 300 m de longitud. Data de los siglos XII Y XIII, aunque las primeras noticias se remontan a 1475, durante el asedio de las tropas de Isabel La Católica, episodio de la guerra de sucesión al trono, estando defendido por los partidarios de Juana La Beltraneja.

Es una obra de fábrica de sillería en piedra caliza, consistente en un cilindro hueco vertical que alcanza una profundidad de 62,50 m. Para poder acceder se construyen 6 husillos o cilindros verticales de 1,40 m de diámetro interior.

La ocupación humana más antigua en el Cerro del Castillo remonta al Hierro I con atribución Soto de Medinilla, atestiguada por un complejo estudio arqueológico realizado a mediados de los años 80 del siglo XX.

Sin embargo el nacimiento del castillo está estrechamente relacionado con la fundación de Burgos. Tras estos inicios en tiempos del conde Diego Rodriguez Porcelos, la importancia creciente de la ciudad exigió la construcción de una gran fortaleza, cuyo perímetro está perfectamente documentado. Los viajeros medievales relatan unánimemente la sensación de fuerza y de seguridad que ofrecía. Probablemente durante el reinado de Alfonso VII de Castilla se produce la primera gran transformación, participando expertos alarifes al gusto mudéjar de la época. El rey castellano Enrique IV emprende la segunda reforma, fundamentalmente de embellecimiento, con objeto de transformarlo en palacio: salones, aposentos y capilla.

El castillo de Burgos fue utilizado como cárcel de Estado, estando ocupada por los reyes García de Galicia y Alfonso VI de León, así como por Tomás de Gournay asesino del rey Eduardo II de Inglaterra.

En 1277, según refieren los Anales del reinado de Alfonso X, fue ejecutado en el castillo de Burgos el infante Fadrique de Castilla, hijo de Fernando III el Santo, por orden de su hermano Alfonso X el sabio, quien ordenó ejecutar al mismo tiempo al señor de Los Cameros y yerno del infante Fadrique de Castilla.

Durante la edad moderna y por causa tanto de la evolución de las técnicas militares, como por la lejanía de los escenarios bélicos, pierde su antigua función defensiva. En su recinto se asentó durante el siglo XVI la primera escuela de formación para artilleros que ha habido en España, llegando a fabricar veinte quintales de pólvora diarios en 1542. Se trataba de actividades secundarias.

Un incendio acaecido en 1736 supuso la destrucción del interior, viguerías, techumbres y artesonados. Durante la guerra de la independencia la ciudad recuperó su posición estratégica y los franceses procedieron a un efímero acondicionamiento que supuso una importante transformación del recinto.

Con la invasión napoleónica los soldados franceses establecen en el mismo su batería imperial. Entre septiembre y octubre de 1812 el castillo fue el centro protagonista del asedio de Burgos dirigido por las tropas angloportuguesas duque de Wellintong, el cual tenía su base de operaciones en un palacio situado en Villatoro. Durante este asedio, los franceses volaron la iglesia de San Román.

Con la retirada de los franceses en junio de 1813, el castillo es testigo de los últimos preparativos que el contingente realiza antes de su marcha definitiva. Allí trabajan para hacer desaparecer cualquier material, bélico o documental, que pudiera serle útil al enemigo; el procedimiento elegido es volar la fortaleza. La hacen saltar por los aires sin dar tiempo a la evacuación de los últimos soldados. Más de doscientos militares franceses mueren en la explosión, que estremece a toda la población.

La iglesia de Santa María La Blanca queda destruida; se pierde buena parte de las vidrieras de la catedral y se producen daños en el antepecho de la torre del crucero; así como en la iglesia de San Esteban. Además, en la chopera del Carmen se localizan bastantes cadáveres de soldados franceses.

El castillo también se usó a lo largo de la guerra civil de 1936, instalándose allí la defensa antiaérea de la ciudad.

 

El castillo de Burgos tuvo una importancia clave en el sistema de comunicaciones mediante telégrafo óptico ideado en España en el siglo xix. En la provincia de Burgos aún se conservan restos, en diversos estados de conservación, de las numerosas torres que se construyeron para comunicar el centro de la península con el norte. El castillo de Burgos fue la posición 27 de la Linea de Castilla que comunicaba Madrid con Irún.

Hoy en día el entorno del castillo es un parque de recreo con calles dedicadas a poetas. La reconstrucción parcial de la fortaleza ha permitido su habilitación como centro de interpretación (abierto al público en 2003) pudiendo visitarse también el pozo y las galerías subterráneas, conocidas como Cueva del Moro.

Las visitas se realizan de forma autoguiada, salvo en lo que se refiere al itinerario subterráneo, que se lleva a cabo en grupos reducidos y siempre acompañados por un guía que explica el recorrido.

“El castillo de Burgos”

 

Museo de la Evolución

El Museo de la Evolución Humana de la ciudad de Burgos, también conocido por las siglas (MEH) es un gran espacio de divulgación científica y cultural que acoge los hallazgos que han hecho retrotraer la presencia humana en Europa hasta hace más de un millón de años.

Las salas y exposiciones del museo muestran de manera atractiva y didáctica, la historia del hombre como especie a través de los descubrimientos realizados en los yacimientos más importantes del mundo, haciendo especial hincapié en los de la Sierra de Atapuerca.

El museo, obra del arquitecto Juan Navarro Baldeweg, consta de 12.000 metros cuadrados divididos en cuatro plantas.

En la planta -1 se ubica el complejo arqueológico-paleontólogico de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca con reproducciones de la Sima de los Huesos, Sima del Elefante y Gran Dolina. En esta planta también se encuentra el Homo antecessor.

La planta 0 está dedicada a la teoría de la Evolución de Charles Darwin y a la historia de la Evolución humana. Esta planta también acoge diez impresionantes reproducciones de homínidos realizadas por la escultora Elisbeth Daynès.

La planta 1 se ocupa de la evolución cultural, aquí se exponen los diferentes modos de vida y utensilios que utilizaban los homínidos; cazadores, recolectores y pastores.

La 2 planta se centra en la evolución ambiental recreando los ecosistemas de la sabana, la selva y la tundra.

Como no podía ser de otra manera las joyas del Museo de la Evolución Humana son los valiosos y abundantes hallazgos procedentes de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Alguna de las maravillas del museo son:

Homo antecessor, en 1994, en un pequeño sondeo realizado en el nivel TD-6 del yacimiento de Gran Dolina en la Trinchera del Ferrocarril, aparecieron restos fósiles de varios homínidos con unas singulares características anatómicas. Presentaban una combinación de rasgos arcaicos y modernos que no se daban en ninguna otra especie conocida hasta la fecha: dientes semejantes a los de algunos primitivos homínidos africanos y una moderna cara parecida a la del Homo sapiens.

Se trataba de una nueva especie de homínido al que los investigadores dieron el nombre de Homo antecessor, como homenaje a este primer “explorador” del continente europeo. Su descubrimiento ha sido fundamental para el estudio de la evolución humana ya que podría ser el ancestro común de los Neandertales y de nuestra propia especie.

El cráneo nº 5, la Sima de los Huesos se esconde en el rincón más profundo de la Cueva Mayor de la Sierra de Atapuerca. En el fondo de esta pequeña cavidad, cuyo único acceso es un pozo vertical de 13 metros, se ha localizado el mayor yacimiento de fósiles humanos del mundo.

Hasta el momento han aparecido más de 5.000 restos, desde cráneos completos hasta los más pequeños huesos del oído, de 32 individuos pertenecientes a la especie Homo heidelbergensis, que vivieron en la zona hace por lo menos 500.000 años. El cráneo nº 5, también conocido como “Miguelón“, está considerado el más completo de todo el registro fósil mundial.

Excálibur, el hallazgo de un gran bifaz de cuarcita roja, único útil lítico encontrado en la Sima de los Huesos, refuerza la teoría de un comportamiento simbólico de estos Homo heidelbergensis que habitaron la Sierra de Atapuerca hace medio millón de años. Esta bella hacha de piedra, que han llamado ‘Excalibur’, formaría parte del primer ajuar funerario de la historia de la humanidad.

Quizá en esto último se encuentre la explicación al origen de la gran acumulación de restos humanos en el yacimiento: un lugar especial en el que se depositaban intencionadamente los cadáveres de los miembros fallecidos del grupo.

“Museo de la Evolución Humana”

Casa del Cordón

Conocida así por el cordón franciscano que adorna la entrada principal. Fue construida a finales del siglo XV por los Condestables de Castilla D. Pedro Fernández de Velasco y su esposa Dª Mencía de Mendoza y Figueroa.

La familia de los Velasco, duques de Haro, poseían un palacio situado en la calle Cantarranas la Menor -actualmente San Lorenzo- en el que residían durante sus estancias en Burgos, ciudad a la que solían acudir acompañando a los monarcas. Cuando D. Pedro fue nombrado condestable de Castilla, en el año 1473, el viejo palacio resultaba inapropiado para una persona de tan elevado rango. Por este motivo, entre los años 1476 y 1482, los Condestables iniciaron la construcción de un nuevo palacio en unos terrenos situados en la Plaza del Mercado Mayor, llamada anteriormente Corral de las Vacas. El edificio se levantó sobre otros edificios más antiguos, entre ellos uno conocido como Casa de la Princesa, de la que se conservan las columnas y capiteles góticos que aún podemos ver en la nueva calle peatonal abierta en la fachada este.

Las obras de construcción del edificio fueron realizadas por Juan de Colonia y por Simón de Colonia, hijo del anterior. A ellos se deben las columnas y arcos del patio interior, la puerta exterior de la fachada y el arco que comunica el zaguán con el patio. Contaron con la colaboración de alarifes moriscos, que eran expertos en trabajar la madera y la decoración en yeso.

A lo largo de su vida, la Casa del Cordón ha pasado por etapas de esplendor y decadencia. En el año 1906 se acometió una amplia restauración llevada a cabo por su propietario D. Víctor Conde, quien encarga las obras al arquitecto D. Vicente Lampérez. Además de reordenar la fachada principal e incorporar los miradores, derriba y reconstruye toda la fachada de la calle Santander con el fin de aumentar la anchura de esta calle.

La fachada principal es la parte más emblemática de todo el edificio y la que domina todo el conjunto monumental. Constituye un símbolo de la arquitectura civil burgalesa de finales del siglo XV. Está flanqueada por dos torres y coronada por una crestería, lo que le confiere un aspecto de palacio-fortaleza. Es el único edificio de la ciudad de Burgos que conserva pináculos, gárgolas y leones heráldicos, entre otros elementos decorativos.

La portada constituye el elemento más sobresaliente de toda la fachada. Se encuentra ubicada de forma descentrada con respecto al conjunto de la fachada, lo que pudiera explicarse por haber aprovechado el vano de una portada preexistente. En los ángulos superiores del vano de la puerta aparecen dos unicornios que son la representación alegórica de animales guardianes del edificio.

El escudo del linaje de los Velasco está enmarcado en una inscripción que dice:  Un buen morir onra toda la vida . Del mismo modo, la inscripción que bordea el escudo de los Mendoza-Figueroa dice:  Omnia preterunt preter amare deum, (Todo pasa menos amar a Dios). Bajo ambos escudos encontramos la siguiente inscripción:  ESTA CASA MANDAR FACER DO PO FERNAZ DE BLASCO E DONNA MECIA MEDOÇA SEGUDOS CONDES DE HARO. También encontramos en la portada el monograma IHS en el centro del sol eucarístico, un cordón franciscano que recuerda la devoción de los Condestables a San Francisco de Asís y da nombre al edificio y el escudo real. Presidiendo la crestería se encuentra una imagen de San Andrés, que era el patrono tutelar de los Velasco. En las esquinas de las dos torres están incrustados los escudos de las dos familias, en posición oblicua, en coronando las cresterías de ambas torres encontramos el escudo de los Velasco sostenido por un león y el de los Mendoza sostenido por un pegaso.

La fachada este, también llamada fachada del Jardín, fue construida entre los años 1476 y 1482 sobre la Casa de la Princesa. De ella se conservan las columnas y capiteles góticos del siglo XIV, que son los vestigios más antiguos de todo el edificio. En la esquina norte de esta fachada, lindando con la calle del Cordón, existía una torre que fue derribada en el año 1601.

La fachada oeste es la a primitiva fachada, de la que se desconoce la fecha de construcción, fue derruida a principios del siglo XIX para ampliar la calle de Santander. La actual fachada fue construida por el arquitecto Lampérez, autor de una amplia reforma general del edificio.

El patio porticado, con dos pisos de galerías, fue construidos entre los años 1484 y 1497, siguiendo el modelo de palacio renacentista italiano de aquella época. Cada lado está formado por cinco arcos de estilo gótico. En las balconadas podemos ver los escudos de las familias Velasco y Figueroa.

La Casa del Cordón se ha significado a lo largo de su historia por haber sido residencia de los reyes de Castilla durante su estancia en Burgos y por la relevancia de algunos hechos acaecidos en ella.

En el año 1497 tuvieron lugar en la Casa del Cordón los esponsales del príncipe Don Juan, hijo de los Reyes Católicos, con la princesa Margarita, hija del emperador Maximiliano I de Alemania. Este príncipe murió después de su boda, por lo que pasó a ser heredera del trono la princesa Juana.

Los Reyes Don Felipe el Hermoso y Doña Juana es establecieron en Burgos el 17 de septiembre de 1506. Ocho días más tarde Don Felipe fallece en la Casa del Cordón y sus restos fueron trasladados provisionalmente a la cartuja de miraflores.

El acontecimiento más importante acaecido en la Casa del Cordón fue la incorporación del Reino de Navarra a la Corona de Castilla, hecho que tuvo lugar el 11 de junio de 1515.

El Rey Carlos I estuvo en Burgos en varias ocasiones desde 1520, cuando se dirigía a Alemania para ser coronado emperador, hasta 1556 camino de su retiro en el monasterio de Yuste. En todas sus visitas se alojó en la Casa del Cordón.

También Felipe II se alojó en la Casa del Cordón en el año 1560 a su regreso de Flandes después de haber contraído matrimonio con Isabel de Valois.

Felipe III, Felipe IV, Carlos II y Felipe V fueron huéspedes de la Casa del Cordón durante sus visitas a Burgos.

Aunque no existe constancia documental, los Reyes Católicos recibieron en la Casa del Cordón a Cristóbal Colón después de su regreso del segundo viaje. Cuenta la tradición que el oro entregado por Colón a los Reyes fue donado a la Cartuja de Miraflores para dorar el retablo mayor, obra de Gil de Siloé. Hoy podemos ver en una placa colocada en el año 1947 junto a la portada principal una referencia a este hecho.

“Casa del Cordón”

Orbaneja del Castillo

Si hay un lugar en la zona norte de España donde la naturaleza no deja de sorprendernos desde el primer momento es en esta preciosidad de pueblo.

Aunque su nombre así parece indicarlo, aquí no vas a encontrar un castillo, si bien dicen que debió de haberlo en su día.

Tampoco una impresionante iglesia, ni museos, pues aquí los monumentos están hechos por el viento y el agua.

Con cada paso que des vas a disfrutar de un paisaje natural que te sorprende desde que entras hasta que sales.

Orbaneja del Castilo, en la provincia de Burgos en Castilla y León es sin duda uno de los pueblos con encanto del norte de España, con bonitos rincones de arquitectura rural.

Con su origen en la Edad Media, allí convivieron durante siglos mozárabes, cristianos y judíos, y como recuerdo de ello queda el nombre de algunas de sus calles.

Los Reyes Católicos le concedieron la distinción de Villa y así sus habitantes quedaban exentos del pago de impuestos.

Se llega a Orbaneja del Castillo por una carretera serpenteante que discurre por la comarca del Páramo en el Valle de Sedano.

Nada más llegar te sorprendes con un pequeño puente, a la derecha del cual te impresiona la preciosa cascada y a la izquierda verás unas pozas con cristalinas aguas de color turquesa.

Dicha cascada tiene unos 25 metros de caída y se encuentra en un entorno privilegiado, rodeada de vegetación y de casas montañesas construidas en pendiente.

La cascada nace de la denominada Cueva del Agua, que encontraremos subiendo hacia el pueblo por un camino con peldaños al lado de la cascada y que te llevaran al centro del pueblo.

Se encuentra Orbaneja inmerso en un circo de rocas calizas erosionadas por el viento y el agua, en una denominada zona karstica.

Este bonito pueblo se encuentra enclavado en el sorprendente paraje natural de los cañones del Ebro en el límite geográfico que separa Burgos y Cantabria.

Se trata de una pequeña localidad que no tardarás en recorrer, donde encontrarás varias grutas y cuevas, y en la cual en invierno no residen más de 50 habitantes.

A la izquierda del puente, la corriente de agua ha formado unas pozas de fondo rocoso blanco, con un agua de color azul turquesa y totalmente cristalina.

Es un terreno donde hay diseminadas muchísimas pozas, algunas con profundidad suficiente como para ser un lugar al que acuden a practicar submarinismo muchos amantes de este deporte.

Una vez en el pueblo, sorprende una gran plaza que se encuentra cortada por la corriente del agua que viene de la roca.

Durante todo el año la población pasa de tener muy pocos habitantes a ser un lugar muy concurrido por visitantes que llegamos atraídos tanto por la belleza del entorno, como por la buena comida de la que se disfruta.

En Orbaneja las capas de agua freática se filtran horadando las rocas y surgiendo en forma de manantiales, lo que propicia que encontremos diferentes lugares por donde corre el agua.

Estas aguas subterráneas se acumulan en los acuíferos del páramo de Bricia y salen de forma natural por la Cueva del agua.

Dicha cueva se encuentra presidiendo el pueblo, al fondo de la misma plaza y dentro de ella puedes caminar un buen tramo y escuchar como retumba el ruido del agua en las paredes.

Es una cueva natural, en la que sientes esa sensación de que la mano de hombre aún no ha intervenido.

El agua a su paso ha disuelto la roca calcárea y se ha depositado sobre los musgos del lecho del riachuelo, formando así una corteza calcárea blanquecina.

Antiguamente el caudal del agua movía las piedras de unos molinos harineros de los que se conservan algunos restos.

Al lado de la cueva y sobre un peñón rocoso se encuentra la inexpugnable casa de los marqueses de Aguilar.

Subiendo hacia la zona alta del pueblo vamos recorriendo estrechas calles que conservan la arquitectura tradicional, con emblemáticos caserones de piedra labrada y balconadas de madera.

En un lugar conocido como Las eras de Orbaneja del Castillo, encontramos una serie de chozas de piedra.

Son construcciones de planta circular o cuadrada que servían de granero y sitio para poder resguardarse en las tormentas.

Desde la zona más alta de este paraje la vista es impresionante.

En forma de circo, los erosionados torreones naturales forman una muralla rocosa moldeada por la erosión de viento, los caprichos del aire y el agua.

Estos riscos nos dejan ver insinuantes y diferentes formas como el denominado Beso de los Camellos.

Desde aquí también se pueden hacer rutas de senderismo en un entorno dominado por la naturaleza.

Orbaneja del castillo es un capricho de la naturaleza en el que envuelve una magia que no debes perderte.

“Orbaneja del Castillo”

Cueva de Ojo Guareña

Ojo Guareña es el conjunto de cuevas más extenso de la Península, de gran interés espeleológico, con santuarios prehistóricos en el interior y 190 taxaanimales ( 115 terrestres y 75 acuáticas) de ella hay 12 especies acuática y 4 terrestres que son nuevas para la ciencia. Sobre un paquete de calizas y dolomías coniacenses, que descansan sobre un impermeable sustrato de margas y calizas arcillosas, los ríos Guareña y Trema se han introducido en el interior de este macizo del cretácico originando el complejo kárstico.

Desde Burgos se accede por la N-623 que siguiendo por esta carretera hasta la localidad de Cilleruelo de Bezana donde nos desviamos a mano derecha para llegar a Soncillo y donde cogeremos la BU-526 que nos acercara hasta la Merindad. Otra opción es que después de pasar Sotopalacios, nos desviemos por la C-629 y a un kilómetro después de pasar Villarcayo cogemos un cruce a mano izquierda para coger la BU-562, que nos introducirá en la Merindad después de pasar la localidad de Torme.

El Complejo Karstico de Ojo Guareña es uno de los mayores complejos Karsticos de España con sus 110 km. de galerías subterraneas distribuidas en diferentes niveles. El Espacio Natural de Ojo Guareña fue declarado Monumento Natural el 27 de Marzo de 1.996 y forma parte de la Red de Espacios Naturales de Castilla y León (R.E.N). Fue declarado Bien de Interés Cultural en 1991, aunque desde 1970 estas cuevas ya tenían una protección como Bien de Interés Cultural por la importancia de sus yacimientos arqueológicos.

El Karst de Ojo Guareña tiene cerca de 400 cavidades de las cuales, varias están conectadas entre sí, formando parte de la Red Principal del Complejo Kárstico de Ojo Guareña. En la actualidad, 14 cavidades principales (y muchas más secundarias) están conectadas a esa Red Principal, cuyo desarrollo topografiado supera los 110 kilómetros. El desarrollo real será, sin duda, mucho mayor, pero las galerías inundadas, derrumbamientos, colmataciones por sedimentos o por concreciones y estrecheces impiden su conexión. La bocas principales conectadas son: Palomera, Dolencias, Huesos, Cornejo, Cuatro Pisos, San Bernabé, del Moro, Sumideros del Trema, la Mina, Sumidero del Guareña, Rizuelos, Torcona, Torquilla y Villallana. Existen muchas otras cavidades principales o secundarias que no conectan, en ocasiones por escasos metros, estando en otros casos enlazadas por las corrientes de agua (comprobadas por coloración).

El Grupo Edelweiss realizó la primera exploración espeleológica en 1956. Desde entonces se han encontrado restos de todas las culturas que han ido habitando la Península Ibérica. Ojo Guareña es uno de los pocos lugares del mundo en el que todavía es posible seguir la evolución de la religiosidad desde el Paleolítico hasta nuestros días del hombre occidental. Destaca la Galería de las Huellas: un conjunto de pisadas de pies descalzos dejadas por un grupo humano prehistórico.

“Cueva de Ojo Guareña”