Orbaneja del Castillo

Si hay un lugar en la zona norte de España donde la naturaleza no deja de sorprendernos desde el primer momento es en esta preciosidad de pueblo.

Aunque su nombre así parece indicarlo, aquí no vas a encontrar un castillo, si bien dicen que debió de haberlo en su día.

Tampoco una impresionante iglesia, ni museos, pues aquí los monumentos están hechos por el viento y el agua.

Con cada paso que des vas a disfrutar de un paisaje natural que te sorprende desde que entras hasta que sales.

Orbaneja del Castilo, en la provincia de Burgos en Castilla y León es sin duda uno de los pueblos con encanto del norte de España, con bonitos rincones de arquitectura rural.

Con su origen en la Edad Media, allí convivieron durante siglos mozárabes, cristianos y judíos, y como recuerdo de ello queda el nombre de algunas de sus calles.

Los Reyes Católicos le concedieron la distinción de Villa y así sus habitantes quedaban exentos del pago de impuestos.

Se llega a Orbaneja del Castillo por una carretera serpenteante que discurre por la comarca del Páramo en el Valle de Sedano.

Nada más llegar te sorprendes con un pequeño puente, a la derecha del cual te impresiona la preciosa cascada y a la izquierda verás unas pozas con cristalinas aguas de color turquesa.

Dicha cascada tiene unos 25 metros de caída y se encuentra en un entorno privilegiado, rodeada de vegetación y de casas montañesas construidas en pendiente.

La cascada nace de la denominada Cueva del Agua, que encontraremos subiendo hacia el pueblo por un camino con peldaños al lado de la cascada y que te llevaran al centro del pueblo.

Se encuentra Orbaneja inmerso en un circo de rocas calizas erosionadas por el viento y el agua, en una denominada zona karstica.

Este bonito pueblo se encuentra enclavado en el sorprendente paraje natural de los cañones del Ebro en el límite geográfico que separa Burgos y Cantabria.

Se trata de una pequeña localidad que no tardarás en recorrer, donde encontrarás varias grutas y cuevas, y en la cual en invierno no residen más de 50 habitantes.

A la izquierda del puente, la corriente de agua ha formado unas pozas de fondo rocoso blanco, con un agua de color azul turquesa y totalmente cristalina.

Es un terreno donde hay diseminadas muchísimas pozas, algunas con profundidad suficiente como para ser un lugar al que acuden a practicar submarinismo muchos amantes de este deporte.

Una vez en el pueblo, sorprende una gran plaza que se encuentra cortada por la corriente del agua que viene de la roca.

Durante todo el año la población pasa de tener muy pocos habitantes a ser un lugar muy concurrido por visitantes que llegamos atraídos tanto por la belleza del entorno, como por la buena comida de la que se disfruta.

En Orbaneja las capas de agua freática se filtran horadando las rocas y surgiendo en forma de manantiales, lo que propicia que encontremos diferentes lugares por donde corre el agua.

Estas aguas subterráneas se acumulan en los acuíferos del páramo de Bricia y salen de forma natural por la Cueva del agua.

Dicha cueva se encuentra presidiendo el pueblo, al fondo de la misma plaza y dentro de ella puedes caminar un buen tramo y escuchar como retumba el ruido del agua en las paredes.

Es una cueva natural, en la que sientes esa sensación de que la mano de hombre aún no ha intervenido.

El agua a su paso ha disuelto la roca calcárea y se ha depositado sobre los musgos del lecho del riachuelo, formando así una corteza calcárea blanquecina.

Antiguamente el caudal del agua movía las piedras de unos molinos harineros de los que se conservan algunos restos.

Al lado de la cueva y sobre un peñón rocoso se encuentra la inexpugnable casa de los marqueses de Aguilar.

Subiendo hacia la zona alta del pueblo vamos recorriendo estrechas calles que conservan la arquitectura tradicional, con emblemáticos caserones de piedra labrada y balconadas de madera.

En un lugar conocido como Las eras de Orbaneja del Castillo, encontramos una serie de chozas de piedra.

Son construcciones de planta circular o cuadrada que servían de granero y sitio para poder resguardarse en las tormentas.

Desde la zona más alta de este paraje la vista es impresionante.

En forma de circo, los erosionados torreones naturales forman una muralla rocosa moldeada por la erosión de viento, los caprichos del aire y el agua.

Estos riscos nos dejan ver insinuantes y diferentes formas como el denominado Beso de los Camellos.

Desde aquí también se pueden hacer rutas de senderismo en un entorno dominado por la naturaleza.

Orbaneja del castillo es un capricho de la naturaleza en el que envuelve una magia que no debes perderte.

«Orbaneja del Castillo»

Cueva de Ojo Guareña

Ojo Guareña es el conjunto de cuevas más extenso de la Península, de gran interés espeleológico, con santuarios prehistóricos en el interior y 190 taxaanimales ( 115 terrestres y 75 acuáticas) de ella hay 12 especies acuática y 4 terrestres que son nuevas para la ciencia. Sobre un paquete de calizas y dolomías coniacenses, que descansan sobre un impermeable sustrato de margas y calizas arcillosas, los ríos Guareña y Trema se han introducido en el interior de este macizo del cretácico originando el complejo kárstico.

Desde Burgos se accede por la N-623 que siguiendo por esta carretera hasta la localidad de Cilleruelo de Bezana donde nos desviamos a mano derecha para llegar a Soncillo y donde cogeremos la BU-526 que nos acercara hasta la Merindad. Otra opción es que después de pasar Sotopalacios, nos desviemos por la C-629 y a un kilómetro después de pasar Villarcayo cogemos un cruce a mano izquierda para coger la BU-562, que nos introducirá en la Merindad después de pasar la localidad de Torme.

El Complejo Karstico de Ojo Guareña es uno de los mayores complejos Karsticos de España con sus 110 km. de galerías subterraneas distribuidas en diferentes niveles. El Espacio Natural de Ojo Guareña fue declarado Monumento Natural el 27 de Marzo de 1.996 y forma parte de la Red de Espacios Naturales de Castilla y León (R.E.N). Fue declarado Bien de Interés Cultural en 1991, aunque desde 1970 estas cuevas ya tenían una protección como Bien de Interés Cultural por la importancia de sus yacimientos arqueológicos.

El Karst de Ojo Guareña tiene cerca de 400 cavidades de las cuales, varias están conectadas entre sí, formando parte de la Red Principal del Complejo Kárstico de Ojo Guareña. En la actualidad, 14 cavidades principales (y muchas más secundarias) están conectadas a esa Red Principal, cuyo desarrollo topografiado supera los 110 kilómetros. El desarrollo real será, sin duda, mucho mayor, pero las galerías inundadas, derrumbamientos, colmataciones por sedimentos o por concreciones y estrecheces impiden su conexión. La bocas principales conectadas son: Palomera, Dolencias, Huesos, Cornejo, Cuatro Pisos, San Bernabé, del Moro, Sumideros del Trema, la Mina, Sumidero del Guareña, Rizuelos, Torcona, Torquilla y Villallana. Existen muchas otras cavidades principales o secundarias que no conectan, en ocasiones por escasos metros, estando en otros casos enlazadas por las corrientes de agua (comprobadas por coloración).

El Grupo Edelweiss realizó la primera exploración espeleológica en 1956. Desde entonces se han encontrado restos de todas las culturas que han ido habitando la Península Ibérica. Ojo Guareña es uno de los pocos lugares del mundo en el que todavía es posible seguir la evolución de la religiosidad desde el Paleolítico hasta nuestros días del hombre occidental. Destaca la Galería de las Huellas: un conjunto de pisadas de pies descalzos dejadas por un grupo humano prehistórico.

«Cueva de Ojo Guareña»

Ciudad de Frias

Frías es una bonita localidad de la provincia de Burgos en Castilla y León, situada en la que se conoce como la comarca de las merindades, que en 2005 fue declarada Bien de interés cultural.

De villa pasó a ciudad en 1435, gracias al Rey Juan II de Castilla. Título que aun mantiene y le otorga el singular honor de ser la ciudad más pequeña de España.

Su ubicación sobre un abrupto cerro, a los pies de los montes Obarenes, la convirtieron en un punto estratégico en la época medieval. Su singularidad y encanto se ha logrado mantener hasta nuestros días, constituyendo uno de los mejores ejemplos de la arquitectura medieval española.

Ya desde la distancia se atisba ese aspecto militar que caracteriza a Frías, al destacar sobre el perfil del casco histórico su antiguo castillo. Fortaleza que aún se mantiene en pie, haciendo equilibrios sobre un peñasco de forma milagrosa.

Conocido como el Castillo de los Velasco, su recio recinto amurallado se ubica en la parte más occidental de la localidad y aun se puede visitar, previo pago de una simbólica entrada. Tras cruzar el foso por su puente levadizo, es posible acceder al patio amurallado y subir hasta la torre del homenaje para disfrutar de unas vistas únicas sobre el pequeño laberinto de calles estrechas que conforman el casco medieval de Frías.

Justo en el extremo opuesto al castillo,  y también destacando sobre el perfil elevado de Frías, se encuentra la Iglesia de San Vicente. La cual, además de tener un reconocible papel religioso, también cumplió con labores defensivas en su época.

Entre el castillo y la iglesia es posible contemplar una serie de casas colgadas que, soportadas sobre una pared de roca natural, se mantienen al filo del abismo conservando la esencia de la arquitectura tradicional.

Una vez en el interior de Frías, es un lujo perderse entre la maraña de calles empedradas del casco histórico. Todo un entramado de estrechas callejuelas que dan acceso a las tradicionales viviendas construidas con adobe, piedra y madera.

Pasear por su centro histórico es como transportarse varios siglos atrás, hasta el medievo. Un ejercicio práctico para conocer la arquitectura de la época y disfrutar del encanto medieval de Frías.

Algunas viviendas y edificios de Frías están literalmente incrustados en la roca sobre la que se asienta toda la localidad, lo que constituye un verdadero esfuerzo por adaptarse al medio. En algunos casos, desafiando hasta el extremo las leyes de la física.

Tal es el delicado equilibrio que caracteriza algunas de las edificaciones que un vecino nos dijo que muchos cruzan los dedos para que nunca se produzca un terremoto que lo rompa. Confiemos en que eso nunca suceda y cruzaremos los dedos también.

Otro elemento a destacar en Frías es su puente medieval de piedra. Una obra de antigua ingeniería que, con sus cerca de 150 metros de largo y 9 ojos, cruza las aguas del río ebro a los pies de casco histórico.

Los alrededores de Frías también tienen mucho que ofrecer. A menos de un kilómetro se encuentra Tobera, un núcleo rural perteneciente también al municipio de Frías en el que se puede visitar la Ermita de Santa María de la Hoz y un pequeño puente medieval construidos en el interior de una garganta de roca caliza creada por las aguas del río molinar.

Un poco más lejos también se pueden visitar las localidades de Oña y Poza de la Sal (cuna del naturalista Félix Rodríguez de la Fuente).

Viajar hasta estas tres localidades permite realizar una interesante ruta por castillos, iglesias, salinas, monasterios y entramados medievales que forman parte del rico patrimonio de Castilla y León.

Todo un reclamo para los amantes del turismo rural de interior interesados en conocer la historia, la cultura y el patrimonio arquitectónico y monumental de España.

«Ciudad de Frías»

 

 

Monasterio de San Pedro de Cardeña

Monasterio Cisterciense situado a unos 8 kms de Burgos, entre los pueblos Cardeñajimeno y Carcedo de Burgos. No existen fuentes documentales directas que hablen de la fundación de Cardeña. En los 373 documentos de compra-venta y donaciones que se registran en el Becerro Gótico de Cardeña (899-1085) no está consignada la escritura fundacional. Antiguos historiadores benedictinos han considerado este monasterio como el primer cenobio de esa orden fundado en España. Algunos han apuntado el hecho de que, probablemente, pudiera haber existido ya en el siglo VIII. Sin embargo, ante la escasez de noticias en los documentos escritos, y teniendo en cuenta la poca fiabilidad de algunos datos, la historiografía moderna no ha podido precisar bien los orígenes de esta abadía.

La fecha de la segunda repoblación de Cardeña constaba, al parecer, en un breviario antiguo que pudo consultar en el siglo XVIII el que fuera abad de este monasterio -nombrado en 1721-, Fray Francisco de Berganza (1663-1737). En el año 899 fue poblado el monasterio de Cardeña por el rey Alfonso de León” (Antigüedades de España I, 175).

Del mismo año se habla en el Cronicón de Cardeña. Y en los Anales Compostelanos se lee: “Era DCCCC.XXX.VII fuit Cardena populata”. A partir de esta fecha, en particular desde el año 902, en el que consta una donación hecha al monasterio por el conde Gonzalo Tellez y su esposa, es posible seguir con suficiente objetividad la historia de Cardeña hasta nuestros días, aunque exista algún vacío documental, sobre todo en las épocas en que el monasterio estuvo abandonado, esto es, desde el año 1835, cuando por voluntad de Álvarez Mendizábal son dictadas en España las leyes de desamortización y exclaustración de los religiosos, hasta el año 1942, momento en el que se restaura la vida monástico en el lugar. El monasterio se encontraba en bastante mal estado y fue utilizado como cárcel por el bando nacional en la guerra civil.

San Pedro de Cardeña es célebre por la santidad de los 200 monjes que fueron martirizados por los musulmanes durante la invasión árabe a finales del siglo IX, en tiempos del abad Sancho. Canonizados en 1603, acontecimiento que va a suscitar una demanda exorbitante de reliquias, además de un importante movimiento devocional en torno a los santos Mártires. El monasterio refuerza su celebridad y hasta él acuden muchos devotos, entre ellos el rey Felipe III y su esposa la reina Doña Margarita de Austria.

El Cid Campeador y San Pedro Cardeña:

San Pedro de Cardeña es también es conocido por su vinculación con el héroe castellano Ruy Díaz (1043-1099), el Cid Campeador, quien dejó a su esposa y a sus dos hijas al amparo del monasterio, bajo la protección y hospitalidad del santo abad Sisebuto († 1086) y de sus monjes, cuando partía, en el año 1081, a sus empresas guerreras en el destierro. Y aquí reposarán los restos del Campeador tres años después de su muerte, acaecida en Valencia el año 1099.

Cardeña fue un importante foco cultural en el siglo XI a través de su famoso scriptorium, foco de difusión de los textos benedictinos por excelencia, a saber, la Regla de San Benito y el Libro de los Diálogos de San Gregorio Magno, obras que alcanzaron gran popularidad y enorme influencia en la cultura y literatura religiosas de la Edad Media, sin olvidar el Libro de los Morales del mismo San Gregorio, primer manuscrito copiado en el scriptorium caradignense del que se tiene noticia (año 914), además de otros códices que hicieron famosos ya en el siglo X a los monjes amanuenses de Cardeña.

Arte prerrománico:

Los únicos restos artísticos que se conservan de la época condal son parte de la llamada torre del Cid o torre de Doña Jimena. Edificada a finales del siglo X o en la primera mitad del XI, está adosada a la iglesia abacial. Esta torre que, al parecer, fue construida exenta al templo románico primitivo, no fue destruida junto con la iglesia cuando se construyó el nuevo templo de estilo gótico, sino que se integro en su conjunto, lo que hizo preciso la construcción de una escalera de caracol adosada, de extraordinaria belleza arquitectónica, para acceder a los pisos superiores de la torre. Se compone de cuatro cuerpos; los tres primeros conservan la estructura románica primitiva, con ventanas saeteras en su parte baja, de medio punto en el segundo cuerpo, y geminadas en el tercero; el último cuerpo es un añadido del siglo XV, también con ventanas geminadas y vanos para campanario, con escudo en uno de sus ángulos, y rematado en su altura con cuatro esbeltos y decorados pináculos góticos, de cuyos pies salen cuatro esculpidas gárgolas como desaguaderos del tejado.

En su parte baja, aun quedan vestigios de carácter visigótico o prerrománico en las columnas y capiteles de sus ventanales, apareciendo en ellos elementos simbólicos propios de dicho periodo: la espiral, la piña, las aves…

Los alrededores son un remanso de paz y tranquidad,

una visita que no debes perderte.

«Claustro de San Pedro de Cardeña»

Embutidos Valdesgueva

Historia: Tradición, Familia y Calidad

Hace mas de 30 años la familia Sánchez comienza su andadura en la elaboración de embutido artesanal. Embutidos Valdesgueva nace como una empresa familiar de segunda generación, dedicada a la elaboración de embutido artesanalmente con un objetivo claro, la gran calidad de todos sus productos.

La fábrica está situada en Cilleruelo de Arriba, pueblo situado en la provincia de Burgos. El nombre de Valdesgueva está inspirado en el Valle de Esgueva por su cercanía a este valle estrecho y fértil, cuyo paisaje es característico por su riqueza forestal y campos de labor.

Todo lo que producen lo hacen de forma familiar entre un número muy reducido de personas, el objetivo es controlar hasta el mínimo detalle de la producción, de esta manera se aseguran de que los productos tengan la mayor calidad.

Seleccionan la mejor materia prima, fundamental para obtener un producto de alta calidad. No tienen stock, es decir, lo que mandan a tienda o clientes es producto recién elaborado, en caso de productos frescos, o recién terminada su curación para productos curados. Con el objetivo de vender el producto en su momento óptimo con su mayor calidad.

Mimar y cuidar de los pequeños detalles es lo que les hace mejorar día a día en la elaboración de los productos.

El chorizo casero Valdesgueva tiene un sabor inconfundible. Perfecto para cocinar, como merienda y aperitivo.

La mejor selección de productos de caza perfecto para picoteo y meriendas.

El chorizo fresco es Ideal al vino, en tus guisos, cocidos y barbacoas.

Lomo en sus distintas variantes, lomo embuchado curado perfecto para meriendas y lomo adobado ideal frito, rebozado y a la plancha.

El mejor “jamón de vaca”. Tiras de la mejor cecina que se deshacen en la boca. Perfecta como entrante.

La fusión de tradición y calidad hacen que los productos hablen por si solos.

«Embutidos Valdesgueva»

Buñuelos de crema caseros

Ingredientes

  • 100 gr. de mantequilla
  • 1/4 l. de agua
  • 150 gr. harina
  • 1 pellizco de sal
  • 4 ó 5 huevos (según tamaño)
  • Vainilla en polvo o azúcar avainillada
  • 1 cucharada sopera de azúcar
  • Aceite de girasol o de oliva suave para freír

ELABORACIÓN   

Hervimos el agua con la mantequilla, azúcar y sal. Cuando rompa el hervor echamos de golpe la harina y removemos hasta que la masa se despegue de las paredes de la cacerola.  Retiramos del fuego y vamos añadiendo los huevos uno a uno removiendo bien cada vez para que los huevos queden bien absorbidos. Incorporamos la vainilla y seguimos removiendo.   Calentamos el aceite y cuando comienza a humear vamos echando cucharadas de masa con cuidado para que queden redonditos y con tamaños regulares. Te puedes ayudar de una buñuelera que dispensa siempre las mismas cantidades de masa . También puedes usar una manga pastelera. Los buñuelos suben y se doran con rapidez.   Los sacamos y reservamos sobre papel absorbente. Cuando se enfríen abrimos un agujero por un lado y los rellenamos con manga pastelera de crema pastelera, nata, nocilla,  mermelada…al gusto, o los espolvoreamos simplemente con azúcar y canela o azúcar glas.

«Cocinar con amor te alimenta el alma»

La Cartuja de Miraflores

Ubicada dentro del Parque de Fuentes Blancas, a unos tres kilómetros del casco histórico de Burgos, la Cartuja de Miraflores está considerada una joya del gótico tardío. Por ese motivo fue incluida como Monumento Ncional en 1923, hoy BBien de Interés Cultural.

La Cartuja de Miraflores se instala sobre un antiguo palacio de recreo del rey Enrique III de Castilla donado a la Orden de la Cartuja junto a los terrenos adyacentes por su hijo, el rey Juan II de Castilla, en el año 1442.

Dos años después el arquitecto Juan de Colonia fue contratado para encargarse del diseño y construcción del nuevo edificio, aprovechando que se encontraba trabajando en la cercana catedral de Burgos.

La reina Isabel la Católica fue la gran promotora de esta obra, aprovechando el conjunto monacal como Panteón Real para sus padres, Juan II de Castilla y su esposa Isabel de Portugal. También fue enterrado aquí su hermano, el infante Alfonso de Castilla.

Aunque todo el conjunto está considerado una joya del gótico tardío, su gran belleza se encuentra en el interior. Tres son sus principales obras de arte:

El Retablo mayor, obra maestra de la escultura gótica, tallado por Gil de Siloé y policromado por Diego de la Cruz. La imagen principal es la de Cristo Crucificado, enmarcada por una rueda angelical.

Aparecen también las imágenes de Dios Padre, el Espíritu Santo, la Virgen María y San Juan Evangelista. Completan el conjunto cuatro escenas de la Pasión, los cuatro Doctores de la Iglesia y los Cuatro Evangelistas.

Los Sepulcros Reales, todos esculpidos por Gil de Siloé en alabastro, son grandes joyas de la escultura funeraria.

Destaca el sepulcro de Juan II de Castilla e Isabel II de Portugal, padres de Isabel la Católica. El conjunto tiene forma de estrella de ocho puntas, coronado por las estatuas yacentes de los reyes.

Los vértices de la estrella están ricamente decorados con escudos reales, figuras alegóricas a la muerte y la resurrección, animales y motivos vegetales, las siete virtudes, santos y evangelistas.

Por su parte el sepulcro del infante Alfonso de Castilla es de tipo arcosolio, es decir, el sepulcro propiamente dicho está rodeado por un arco. Bajo él se puede ver la estatua orante del infante Alfonso, arrodillado sobre un cojín frente a un reclinatorio.

Las vidrieras, son las originales traidas desde Flandes para decorar la Cartuja de Miraflores. En total son trece vidrieras, diez de ellas atribuidas al maestro vidriero Niclaes Rombouts, las más antiguas que se conservan del artista.

Las diez vidrieras atribuidas a Niclaes Rombouts muestran escenas de la Pasión de Cristo, por su parte las tres restantes están dedicadas a la Virgen María.

Una verdadera joya que no debes perderte.

«La Cartuja de Miraflores de Burgos»

Monasterio de Las Huelgas Reales

 

El Monasterio cisterciense de Santa Maria  La Real de las Huelgas, o mejor conocido como el Monasterio de las Huelgas es uno de los lugares emblemáticos de la ciudad de Burgos.

Enclave privilegiado en la conmemoración  del 800 aniversario de la muerte de sus fundadores y protectores, Alfonso VIII de Castilla el de Las Navas, un 6 de octubre de 1214 y Leonor de Plantagenet, que apenas le sobrevivió 25 días, el 31 del mismo mes. Su historia, una historia real de buen hacer en la Castilla de finales del s. XII y principios del XIII.

Situado algo retirado de la cuenca del río Arlanzón que atraviesa la ciudad, se construyó en un terreno real, conocido como  “Las Huelgas”, por ser  un terreno sin cultivar donde existía un pequeño palacio de uso “vacacional” del que quedan aún algunos vestigios.

Alfonso y Leonor decidieron levantar en ese lugar un monasterio cisterciense femenino en 1187 .Fue el Papa Clemente III quien recibió la petición de fundación de un nuevo monasterio, solicitud rápidamente aceptada. Los reyes donaron importantes cantidades de tierras que fueron aumentando con posteriores donaciones y dotes de las novicias que allí ingresaban todas ellas de familias nobles y poderosas. Se conserva el Acta fundacional otorgada por Alfonso VIII y la Reina Leonor. Y fue precisamente la Reina quien puso mayor empeño en esta “empresa”. Su intención última era construir un Monasterio a imagen y semejanza de Monasterio de Fontevrault , donde estuvo su madre Leonor de Aquitania, donde la mujer alcanzara el mismo poder que el hombre por lo menos en la vida monástica y ¡vive Dios que logro su empeño¡ La Abadesa de las Huelgas tenía en el Reino de Castilla, primero y Castilla y León tras su unificación en tiempo de Fernando III el Santo, mucho más poder que Obispos, Abades, Priores, Nobles y Consejeros; su autoridad dependía únicamente del Papa. Un dicho popular rezaba así “Tras del Rey, la Abadesa de las Huelgas”. Le estaba vetado sin embargo, celebrar la Santa Misa, consagrar o impartir la confesión pero tenía potestad para elegir el sacerdote que fuera a hacerlo.

La vida del cenobio se inició con un grupo de monjas procedentes del Monasterio de Tulebras en Navarra, que fue el primer monasterio cisterciense femenino de la península, siendo las primeras abadesas de las Huelgas de regio linaje, Miasol, la primera, y Constanza, hija de Alfonso y Leonor, la segunda. A partir de 1199 se convirtió definitivamente en la Casa Madre del Cister femenino castellano-leones.

La Abadesa era señora de un señorío territorial compuesto por; 54 villas, tierras, molinos, y exenciones fiscales de portazgo, pontazgo y montazgo. Tenía también señorío jurídico con fuero propio, podía nombrar alcaldes y jueces, y bajo su jurisdicción estaban numerosos monasterios cuyas abadesas nombraba la Abadesa de las Huelgas.

En el Monasterio de las Huelgas se armaron caballeros a Fernando III el Santo, Alfonso XI,  Pedro I y Juan II antes de ser coronados reyes, para lo que se utilizaba una curiosa figura articulada del Apóstol Santiago. En Las Huelgas fueron también coronados como reyes de Castilla Alfonso XIy su hijo Enrique II Trastamara.

El Real Monasterio de las Huelgas es también Panteón Real, en el reposan o por lo menos se conservan los sepulcros de sus fundadores Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet, su hijo Enrique I de Castilla, su hija la Gran Berenguela de Castilla, infantes, infantas y el sepulcro del hijo de Alfonso X el Sabio, el infante Fernando de la Cerda, así como las abadesas, María de Aragón hija ilegítima de Fernando el Católico y Mª Ana de Austria hija natural del también bastardo real Juan de Austria, hijo de Carlos I. Es triste precisar que la mayoría de ellos fueron profanados y expoliados por las tropas francesas durante la Guerra de Independencia.

Arquitectónicamente el Monasterio es una joya cisterciense del siglo XII y une en sus muros partes románicas, góticas, mudéjares y renacentistas. La Iglesia es obra de un periodo final cisterciense, más gótico que románico y consta de tres naves (cosa poco habitual en monasterios femeninos) y crucero, la cabecera consta de tres ábsides.

Las bóvedas tienen características similares a la arquitectura protagónica aquitana y eso hace pensar que la propia reina Leonor quien escogió un taller francés de Anjou para iniciar las obras. Es en la Nave central donde están los sepulcros de Alfonso VIII y Leonor de Castilla, así como el coro monástico. Es curioso un pulpito de hierro forjado montado sobre un soporte que gira para que las monjas pudieran oír mejor al sacerdote en su predicación.

Destaca la Sala Capitular, de grandes dimensiones; a su alrededor gira la distribución del monasterio. Su altura, las columnas elegantes, la bóveda de crucería, su austera decoración hacen esta estancia especialmente luminosa. Desde el Claustro de San Fernando se accede a la Sala Capitular a través de una maravillosa puerta abocinada de varios arcos apuntados labrados con dientes de sierra. Destacan los tapices flamencos que cuelgan en sus muros, así como un texto de Santa Teresa manuscrito y que se conserva en una de sus vitrinas.

El Claustro de San Fernando es uno de los dos claustros de los que dispone  el Monasterio, se construye en el s. XIII con galerías cubiertas por bóvedas de medio cañón que se apoyan en ménsulas decoradas con motivos vegetales y reforzadas con arcos fajones. Al lado oeste la cilla o almacén que hoy ocupa el Museo de Telas Medievales, que alberga el Pendón de las Navas y un importante ajuar textil y funerario, al sur el refectorio y al este la Sala Capitular. Sorprenden los restos de yeserías hispanomusulmanas y en especial una puerta de origen musulmán del s. XI procedente de la conquista de Almería.

Desde el Claustro de San Fernando se accede también al claustro más popular, el conocido como “Las Claustrillas”. Este es un pequeño claustro de planta rectangular, es el más antiguo pues pertenecía a la construcción inicial de 1187. Se cree que su autor fue el Maestro Rodrigo que dejo su impronta en varias construcciones del reino.

Los lados están formados por 12 arcos apoyados sobre columnas pareadas y capitales de ornamentación vegetal y doble capitel en centro y laterales con decoración “arquitectónica”.

La Historia del Monasterio está muy ligada a la Historia de la Corona de Castilla. En el profesaron  hijas de reyes y de la más alta alcurnia nobiliaria que enriquecieron y aumentaron las posesiones del monasterio con dotes y aportaciones. Entre sus muros se “escondieron” hijas ilegitimas como María de Aragón o Mª Ana de Austria, nacieron reyes como Pedro I, fue refugio, centro de poder y decisiones. Sufrió las desamortizaciones del siglo XIX y perdió sus privilegios bajo el Papado de Pio IX. Hoy el Monasterio sigue en activo y forma parte de Patrimonio Nacional que gestiona las visitas. Si viajáis a Burgos no dejéis de visitarle.

«Monasterio de Las Huelgas Reales de Burgos»

Pastel de queso a la japonesa con moras

 

Ingredientes

250 gramos de queso tipo Philadelphia
3 huevos
50 mililitros de leche
80 gramos de azúcar
30 gramos de maicena
Zumo de medio limón
1 cucharadita de levadura
Un puñadito de moras para decorar

 

Elaboración

Comienza forrando el molde con papel de horno  y después pon agua suficiente en una bandeja que sea tan grande como para cocinar la tarta al baño maría.

Introduce la bandeja en el horno y precaliéntalo a 180 ºC.

 Separa las yemas de las claras de huevo.

Coge un bol y mezcla el queso crema con la leche y luego añade el azúcar, las yemas, la maicena, la levadura y el zumo de limón.

Mezcla todo esto muy bien con la batidora de varillas hasta que desaparezcan por completo los grumos.

En otro cuenco, bate en punto de nieve las claras con una pizca de sal. Nada más comprobar que suben, añade azúcar poco a poco y sigue batiendo hasta ver que quedan firmes. De esta manera, el pastel adquirirá su carácter esponjoso y no se hundirá al sacarla del horno.

Posteriormente, añade las claras a la mezcla anterior, moviendo todo con una espátula de arriba a abajo. Vierte la mezcla en el molde y colócala en la bandeja con el agua hirviendo dentro del horno.

Mantén el pastel en su interior unos 40 min. aproximadamente. Cuando compruebes que esté firme al tacto, apaga el horno y déjala unos 10 minutos más.

Por último, sácala del horno y déjala enfriar antes de desmoldarlo. Decorar con las moras.

Ten en cuenta que el pastel de queso a la japonesa se puede servir a temperatura ambiente o fría, como más guste.

«Cocinar con amor te alimenta el alma»