Monasterio de Santo Domingo de Silos

 

Se encuentra a 60 km de Burgos, su término municipal comprende las aldeas de Peñacoba, Hortezuelos e Hinojar de Cervera.

La localidad está situada en un nudo de caminos históricos: la Ruta de la lana, el Camino del Cid, ruta del destierro de El Cid, y el Camino Castellano Aragonés.

La población, en la ribera del río Mataviejas o Ura, conserva un interesante conjunto monumental que incluye restos de murallas, algunas casonas blasonadas, una iglesia gótica, el Museo de los Sonidos de la Tierra, que expone instrumentos musicales de los cinco continentes y principalmente, el monasterio del mismo nombre que le da fama.

Forma parte de la Mancomunidad de La Yecla, con sede en Santa María del mercadillo.

Ya en tiempos de los visigodos hubo allí un cenobio dedicado a San Sebastián, que en la época del conde Fernán González fue restaurado y ampliado. Pero algo después, hacia 1042, el edificio sufrió otra profundísima renovación, bajo la iniciativa de un monje nacido en Cañas, La Rioja, de nombre Domingo.

El monje pasó por San Millán y acabó impulsando la comunidad de este lugar por encargo del rey Fernando I, emprendiendo una magnífica obra románica, de la que únicamente quedan los claustros y la Puerta de las Vírgenes. Lo demás es ya obra de los siglos XVIII y XIX, básicamente neoclásica.

La fama de santidad de Domingo y su canonización generaron un notable atractivo para esta comunidad benedictina, de la que fue responsable hasta su muerte, en 1073.

El cenobio estaba deteriorado en el siglo XVIII y se emprendió una restauración en 1733, que continuó hasta inicios del XIX, con participación, entre otros, de Ventura Rodríguez. Por suerte se acabaron los fondos y no se eliminó toda la obra anterior.

Destaca en el conjunto monumental el patio interior de dos pisos, de 22 por 24 metros, sumamente armónico, construido con arquerías de doble columna, salvo en el centro, donde existen sendos haces de cuatro columnas.

Son magníficos los capiteles, donde se denota una amplísima temática, en la que destacan ejemplares claramente enraizados con el arte andalusí.

En la galería norte del claustro inferior se halla el sepulcro de Santo Domingo, precedido de una estatua yacente con la efigie del monje, que descansa sobre un grupo de tres leones.

El claustro superior es también bello, aunque más sencillo y, obviamente, posterior que el de abajo.

Desde el patio se contempla una interesante imagen, en la que se puede comparar la gracia románica con la austeridad o pesadez de los muros de la iglesia y del sólido campanario del XVIII.

La iglesia es neoclásica, realizada con planos de Ventura Rodríguez.

Entre las dependencias monacales también hay una botica dieciochesca, con bella colección de cerámica de Talavera, y un museo, en el que se exponen piezas principales que se salvaron de la desamortización, tales como esculturas mozárabes y románicas, restos del viejo monasterio, piezas de orfebrería, esmaltes, etc.

En las cercanías de Santo Domingo está el desfiladero de La Yecla, cañón del río Mataviejas, atractivo natural.

«Monasterio de Santo Domingo de Silos»

Bizcocho esponjoso

INGREDIENTES

4 huevos

250 gramos de azúcar

La ralladura de un limón

El zumo de dos limones

180 gramos de harina

60 gramos de mantequilla fundida

8 gramos de levadura en polvo o polvos de hornear

PREPARACION

Precalienta el horno a 170ºC, engrasa y enharina el molde que vas a usar.

Coloca la mantequilla, el azúcar y la ralladura de limón en la batidora. Bate hasta que se forme una crema. Agrega uno a uno los huevos, batiendo antes de agregar el siguiente.

Agrega poco a poco la harina y la levadura tamizada a la mezcla anterior y continúa batiendo hasta integrar muy bien.

Echa el zumo de los 2 limones y bate un poco más.

Vierte la mezcla en el molde engrasado y enharinado y mete al horno a 170°C  aprox. unos 40 minutos o hasta que al realizar la prueba del palillo éste salga limpio.

Dejarlo enfriar y listo !!! superalto y esponjoso nos ha quedado!!!

«Cocinar con amor te alimenta el alma»

Paella de Marisco

INGREDIENTES

500 g de Arroz Bomba

½ pimiento rojo

1/2 pimiento verde

Perejil

1 tomate maduro

1 cebolla

1 diente de ajo

Aceite de oliva

Sal

2 litros de agua

Azafrán en rama

Perejil

300 g de rape

250 g de mejillones

150 g de anillas de calamar

150 g de gambas

150 g de cigalas

Hebras de azafrán

1 cuchada de pimentón

1 diente de ajo

3 tomates maduros

3 ñoras (opcional, da un sabor tradicional)

Pimiento morrón en tiras y huevo duro (opcional para adornar) la puedes decorar a tu gusto.

PREPARACION

Sofríe la cebolla y el ajo, bien picaditos, y los pimientos cortados en juliana. Añade los calamares y dóralos. Cuando estén pochados, agrega los dados de tomate, cocínalos unos minutos y deja que cueza hasta que tome textura.

Para la salsa de ñoras, sofríe las ñoras, el azafrán, una cucharada de pimentón, el diente de ajo y los tomates, todos muy picaditos.

Añade el arroz a la paella, mézclalo con las verduras y riégalo con unas cucharadas de la salsa de ñoras. Ahora vierte el caldo hirviendo que has obtenido en la cocción del pescado y mejillones. Incorpora el rape, las gambas y las cigalas. Déjalo 5 minutos a fuego fuerte y luego otros 15 minutos a fuego bajo.

En el último momento incorpora los mejillones. Mantén la paella al fuego hasta que se consuma el caldo y el arroz esté en su punto. La puedes decorar con pimiento morrón en tiras y huevo duro. Déjala reposar 5 minutos tapándola con un trapo limpio.

«Cocinar con amor te alimenta el alma»

 

 

 

Paseo de la Isla

El paseo de la Isla es un paseo de corte romántico ubicado en la margen derecha del río Arlanzón a su paso por Burgos. Su nombre proviene de una antigua isla formada entre el río y varias esguevas.

Cuenta con una longitud aproximada de 800 metros y una anchura de 120 y se extiende desde el puente de malatos hasta el puente Castilla. Cuenta con una notable variedad botánica y de varios monumentos. En 2011, se realizó una rehabilitación del paseo, que incluyó la reparación de monumentos, mejora de los jardines y de las zonas de paseo, así como nuevo mobiliario urbano.

Por tratarse de una ciudad amurallada, y debido a la angostura de sus calles, no se podían instalar paseos en el interior del recinto. Por este motivo los moradores que deseaban gozar de la naturaleza se veían obligados a salir del recinto amurallado y dirigirse a las amplias avenidas de árboles que existían en las afueras. Los mercaderes de lanas tenían instalados sus lavaderos en las inmediaciones del puente Malatos, conociéndose este lugar como «paseo de los Lavadores». La desaparición de esta actividad permitió ajardinar el paraje.

El río Arlanzón a su paso por el casco urbano de la ciudad recibía el nombre de Merdancho y regaba las huertas del barrio de San Pedro de la Fuente.

A finales del Siglo XIX se construye una vistosa y artística cascada, empleando estalactitas y estalagmitas de la cueva de Atapuerca, formándose con ella una gruta abierta en la parte posterior del estanque. Sostienen la parte rocosa dos figuras representativas de otras tantas sirenas.

Enriquecido a principios del Siglo XX con valiosas obras arqueológicas, como son:

Arcos de Castilfalé. procedentes de una granja próxima a la ciudad y donados por el conde de Castilfalé.

Fuente del claustro del Monasterio de San Pedro de Arlanza.

Crucero proveniente de San Pedro de la Fuente.

Pila bautismal de la desaparecida iglesia de San Martín.

Fuente proveniente del paseo de la quinta.

Portada de la ermita románica de Cerezo de Río Tirón.

«Arcos de Castilfalé»

Quesos Ilújor

Quesos Ilújor es empresa joven dedicada a la producción de quesos de oveja curados que se encuentra en Palacios de Benaver a 19 km de Burgos. Para la elaboración de los quesos sólo utilizan leche de su propia ganadería. Una ganadería que con más de diez años de existencia es gestionada de una manera moderna, eficaz y que tiene la máxima calificación sanitaria.

Es por ello que ofrecen un producto de alta calidad y limitada producción ya que no compran leche a otras ganaderías, sino que es obtenida de su propia explotación. Controlando de esta manera la materia prima de sus quesos, hecho fundamental para conseguir un producto único en el mercado por sus sabores, texturas y aromas.

Para una buena elaboración de queso, el gran secreto de quesos Ilújor es el de tener paciencia.

Para elaborar el queso hay que seguir unos pasos, cada paso precisa un esmero, una atención para que el siguiente no se vea alterado, hay que tener en cuenta que en el queso, la materia prima es la leche, y la leche está viva, tiene microorganismos que esos sí les pueden alterar el día de trabajo. La leche, se altera y tiene maneras de responder diferentes, por ejemplo, cuando las ovejas son esquiladas, las ovejas sufren estrés y eso se nota al hacer el queso, cuando hay tormenta, cuando hay cambios bruscos tanto de alimentación como de temperatura también se nota. Por eso la mano del maestro quesero a la hora de elaborar la leche es muy importante, ya que tiene que tener en cuenta estas cosas, pero aun todo en los quesos artesanos como los quesos Ilújor, sólo con temperaturas y tiempo no se pueden evitar estos trastornos de la naturaleza, trabajan con leche pura, recién ordeñada, y eso tiene sus riesgos.

Os voy a contar como hacen para elaborar el queso, todo empieza en la granja, tienen más de 700 ovejas de raza assaf. Las ovejas se ordeñan dos veces al día y cuanto más escrupuloso se sea con el horario mejor, eso lo notan mucho, y si es modificado, bajan mucho la producción.

La granja está separada de la quesería por unos pocos metros, eso les permite no tener que transportar la leche en un camión, la pasan con unas manqueras, ayudados por una bomba de succionadora hasta un tanque refrigerado, (donde almacenan la leche nada más ser ordeñada, y la conservan a cuatro grados) hasta la cuba de elaboración. En la cuba de elaboración la leche empieza a ser calentada muy lentamente hasta alcanzar la temperatura en que vaya a ser cuajada, la leche en este proceso que dura sobre dos horas no deja de ser batida, en este proceso se añade a la cuba los fermentos, (antiguamente, no hacían falta fermentos, porque la leche al ser ordeñada a mano venia muy sucia, y eso permitía una “clase” de fermentación) ahora la leche viene muy limpia y hay que ayudarla con unos fermentos preparados. Una vez llega la leche a la temperatura que el maestro quesero considera adecuada para cuajar se añade a la leche el cuajo y es en ese momento cuando se deja de calentar la leche. Durante el proceso de cuajado se deja reposar la leche hasta adquirir la dureza que se quiera. Una vez llegado a ese punto, empezan a cortar la cuajada muy lentamente a la vez que se calienta la cuba, al cortar la cuaja y subir la temperatura se consigue una sinéresis, dejando a un lado el suero, y a otro la masa con la que elaboran el queso. Su aspecto es como el de una sopa de arroz.

Una vez acabada la sinéresis, pasan la masa con el suero a un aparato (extrainer) que separa el suero de la masa con la que se trabaja, lo hace mediante una criba. Aquí la masa seca o sin suero la embasan en unos moldes de plástico, pero para ayudar más al desuerado les embasan poniéndoles una gasa que permite mejor la salida del suero.

Después les meten en una prensa, donde se van apretando poco a poco, estando en este proceso de prensado, les dan vuelta a mano, para que el prensado sea más homogéneo, y aquí se quedan hasta alcanzar el pH que les parece el oportuno para sacarles de presa, este proceso puede llevar unas tres o cuatro horas según días. Ya por ultimo pasan a la salmuera, donde se salan por inversión.

Una vez acabado todo el proceso de elaboración, los quesos pasan a las cámaras, primero pasan a una cámara que contrala temperatura y humedad, en esta cámara estas sobre dos meses, aquí se les voltean manualmente todos los días. Transcurridos los dos meses pasan a una cámara más grande que sólo controla temperatura, en ella se crea el moho tan importante para la curación del queso, aquí también se les voltea pero con menos frecuencia, y en ella permanecen hasta ser lavados con agua a presión, para su próxima venta.

Quesos Ilújor se presentan envasados individualmente al vacío, preservando al queso del contacto con agentes externos y manteniendo así unas propiedades de olor y sabor excelentes.

El Queso Curado de Oveja Ilújor fue premiado en 2017 con dos premios:

Medalla de Plata en la categoría de “Queso duro elaborado en ganaderías o centrales con una producción total semanal que no exceda las 2 toneladas”

Medalla de Bronce en la categoría “Queso duro puro de leche de oveja”.

Se puede ver más información en la Web oficial de Worl Cheese Awards.

Castillo de Burgos

El castillo es una fortaleza situada en la ciudad española de Burgos. Se encuentra en el cerro de San Miguel elevado 75 m sobre el nivel de la ciudad. La primera torre fue levantada por el conde Diego Porcelos en los tiempos de la reconquista, en el año 884. Conforme fue aumentando la importancia del emplazamiento defensivo, se dio paso a un castillo y a elementos defensivos más complejos.

Recientes excavaciones arqueológicas han permitido descubrir los restos de la Puerta Sur. Se trata de un muro quebrado, abierto a un vano flanqueado por sendas torres de planta semicircular. La puerta principal, abierta en el frente noroccidental, dispone de un pasadizo en bóveda.

Como parte del complejo subterráneo, el pozo (popularmente conocido como Cueva del Moro) cuenta con galerías de más de 300 m de longitud. Data de los siglos XII Y XIII, aunque las primeras noticias se remontan a 1475, durante el asedio de las tropas de Isabel La Católica, episodio de la guerra de sucesión al trono, estando defendido por los partidarios de Juana La Beltraneja.

Es una obra de fábrica de sillería en piedra caliza, consistente en un cilindro hueco vertical que alcanza una profundidad de 62,50 m. Para poder acceder se construyen 6 husillos o cilindros verticales de 1,40 m de diámetro interior.

La ocupación humana más antigua en el Cerro del Castillo remonta al Hierro I con atribución Soto de Medinilla, atestiguada por un complejo estudio arqueológico realizado a mediados de los años 80 del siglo XX.

Sin embargo el nacimiento del castillo está estrechamente relacionado con la fundación de Burgos. Tras estos inicios en tiempos del conde Diego Rodriguez Porcelos, la importancia creciente de la ciudad exigió la construcción de una gran fortaleza, cuyo perímetro está perfectamente documentado. Los viajeros medievales relatan unánimemente la sensación de fuerza y de seguridad que ofrecía. Probablemente durante el reinado de Alfonso VII de Castilla se produce la primera gran transformación, participando expertos alarifes al gusto mudéjar de la época. El rey castellano Enrique IV emprende la segunda reforma, fundamentalmente de embellecimiento, con objeto de transformarlo en palacio: salones, aposentos y capilla.

El castillo de Burgos fue utilizado como cárcel de Estado, estando ocupada por los reyes García de Galicia y Alfonso VI de León, así como por Tomás de Gournay asesino del rey Eduardo II de Inglaterra.

En 1277, según refieren los Anales del reinado de Alfonso X, fue ejecutado en el castillo de Burgos el infante Fadrique de Castilla, hijo de Fernando III el Santo, por orden de su hermano Alfonso X el sabio, quien ordenó ejecutar al mismo tiempo al señor de Los Cameros y yerno del infante Fadrique de Castilla.

Durante la edad moderna y por causa tanto de la evolución de las técnicas militares, como por la lejanía de los escenarios bélicos, pierde su antigua función defensiva. En su recinto se asentó durante el siglo XVI la primera escuela de formación para artilleros que ha habido en España, llegando a fabricar veinte quintales de pólvora diarios en 1542. Se trataba de actividades secundarias.

Un incendio acaecido en 1736 supuso la destrucción del interior, viguerías, techumbres y artesonados. Durante la guerra de la independencia la ciudad recuperó su posición estratégica y los franceses procedieron a un efímero acondicionamiento que supuso una importante transformación del recinto.

Con la invasión napoleónica los soldados franceses establecen en el mismo su batería imperial. Entre septiembre y octubre de 1812 el castillo fue el centro protagonista del asedio de Burgos dirigido por las tropas angloportuguesas duque de Wellintong, el cual tenía su base de operaciones en un palacio situado en Villatoro. Durante este asedio, los franceses volaron la iglesia de San Román.

Con la retirada de los franceses en junio de 1813, el castillo es testigo de los últimos preparativos que el contingente realiza antes de su marcha definitiva. Allí trabajan para hacer desaparecer cualquier material, bélico o documental, que pudiera serle útil al enemigo; el procedimiento elegido es volar la fortaleza. La hacen saltar por los aires sin dar tiempo a la evacuación de los últimos soldados. Más de doscientos militares franceses mueren en la explosión, que estremece a toda la población.

La iglesia de Santa María La Blanca queda destruida; se pierde buena parte de las vidrieras de la catedral y se producen daños en el antepecho de la torre del crucero; así como en la iglesia de San Esteban. Además, en la chopera del Carmen se localizan bastantes cadáveres de soldados franceses.

El castillo también se usó a lo largo de la guerra civil de 1936, instalándose allí la defensa antiaérea de la ciudad.

 

El castillo de Burgos tuvo una importancia clave en el sistema de comunicaciones mediante telégrafo óptico ideado en España en el siglo xix. En la provincia de Burgos aún se conservan restos, en diversos estados de conservación, de las numerosas torres que se construyeron para comunicar el centro de la península con el norte. El castillo de Burgos fue la posición 27 de la Linea de Castilla que comunicaba Madrid con Irún.

Hoy en día el entorno del castillo es un parque de recreo con calles dedicadas a poetas. La reconstrucción parcial de la fortaleza ha permitido su habilitación como centro de interpretación (abierto al público en 2003) pudiendo visitarse también el pozo y las galerías subterráneas, conocidas como Cueva del Moro.

Las visitas se realizan de forma autoguiada, salvo en lo que se refiere al itinerario subterráneo, que se lleva a cabo en grupos reducidos y siempre acompañados por un guía que explica el recorrido.

«El castillo de Burgos»

 

Museo de la Evolución

El Museo de la Evolución Humana de la ciudad de Burgos, también conocido por las siglas (MEH) es un gran espacio de divulgación científica y cultural que acoge los hallazgos que han hecho retrotraer la presencia humana en Europa hasta hace más de un millón de años.

Las salas y exposiciones del museo muestran de manera atractiva y didáctica, la historia del hombre como especie a través de los descubrimientos realizados en los yacimientos más importantes del mundo, haciendo especial hincapié en los de la Sierra de Atapuerca.

El museo, obra del arquitecto Juan Navarro Baldeweg, consta de 12.000 metros cuadrados divididos en cuatro plantas.

En la planta -1 se ubica el complejo arqueológico-paleontólogico de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca con reproducciones de la Sima de los Huesos, Sima del Elefante y Gran Dolina. En esta planta también se encuentra el Homo antecessor.

La planta 0 está dedicada a la teoría de la Evolución de Charles Darwin y a la historia de la Evolución humana. Esta planta también acoge diez impresionantes reproducciones de homínidos realizadas por la escultora Elisbeth Daynès.

La planta 1 se ocupa de la evolución cultural, aquí se exponen los diferentes modos de vida y utensilios que utilizaban los homínidos; cazadores, recolectores y pastores.

La 2 planta se centra en la evolución ambiental recreando los ecosistemas de la sabana, la selva y la tundra.

Como no podía ser de otra manera las joyas del Museo de la Evolución Humana son los valiosos y abundantes hallazgos procedentes de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Alguna de las maravillas del museo son:

Homo antecessor, en 1994, en un pequeño sondeo realizado en el nivel TD-6 del yacimiento de Gran Dolina en la Trinchera del Ferrocarril, aparecieron restos fósiles de varios homínidos con unas singulares características anatómicas. Presentaban una combinación de rasgos arcaicos y modernos que no se daban en ninguna otra especie conocida hasta la fecha: dientes semejantes a los de algunos primitivos homínidos africanos y una moderna cara parecida a la del Homo sapiens.

Se trataba de una nueva especie de homínido al que los investigadores dieron el nombre de Homo antecessor, como homenaje a este primer «explorador» del continente europeo. Su descubrimiento ha sido fundamental para el estudio de la evolución humana ya que podría ser el ancestro común de los Neandertales y de nuestra propia especie.

El cráneo nº 5, la Sima de los Huesos se esconde en el rincón más profundo de la Cueva Mayor de la Sierra de Atapuerca. En el fondo de esta pequeña cavidad, cuyo único acceso es un pozo vertical de 13 metros, se ha localizado el mayor yacimiento de fósiles humanos del mundo.

Hasta el momento han aparecido más de 5.000 restos, desde cráneos completos hasta los más pequeños huesos del oído, de 32 individuos pertenecientes a la especie Homo heidelbergensis, que vivieron en la zona hace por lo menos 500.000 años. El cráneo nº 5, también conocido como «Miguelón«, está considerado el más completo de todo el registro fósil mundial.

Excálibur, el hallazgo de un gran bifaz de cuarcita roja, único útil lítico encontrado en la Sima de los Huesos, refuerza la teoría de un comportamiento simbólico de estos Homo heidelbergensis que habitaron la Sierra de Atapuerca hace medio millón de años. Esta bella hacha de piedra, que han llamado ‘Excalibur’, formaría parte del primer ajuar funerario de la historia de la humanidad.

Quizá en esto último se encuentre la explicación al origen de la gran acumulación de restos humanos en el yacimiento: un lugar especial en el que se depositaban intencionadamente los cadáveres de los miembros fallecidos del grupo.

«Museo de la Evolución Humana»

Panacota

INGREDIENTES
(Para 4 personas)
Queso fresco 300 ml
Nata líquida para montar 200 ml
Agua 35 ml
Gelatina en polvo (1 y 1/2 cucharaditas)5g
Azúcar vainillado (1/2 cucharadita)2 g
Sal una pizca
Miel 30 ml
Frutos rojos o del bosque 100 g
Vinagre balsámico 15 ml
Azúcar moreno 10 g

 

PREPARACIÓN

Disolver la gelatina en el agua y dejar reposar cinco minutos. Calentar la miel con la nata en un cuenco hasta que empiece a hervir. Retirar del fuego, añadir el agua con la gelatina y remover.

Disponer el queso fresco en un cuenco, añadir la vainilla y la sal y batir con unas varillas. Agregar la mezcla de nata poco a poco, mezclando con las varillas, hasta combinar todo de forma homogénea. Repartir en  vasitos o cuencos y dejar reposar en la nevera hasta que cuaje, como mínimo tres horas.

Para los frutos del bosque, disponer una mezcla de arándanos, moras, frambuesas, grosellas, etc., en un cazo, añadir 1 cucharada de vinagre balsámico, otra de azúcar moreno y calentar. Remover a bajo fuego hasta que se empiecen a deshacer y suelten sus jugos. Dejar enfriar y repartir en la panacota cuando haya cuajado.

Se puede decorar con fresas, moras, frambuesas.

Delicioso para estas fechas que se acercan, un postre ligero que gustará a todos!!

«Cocinar con amor te alimenta el alma»

Bacalao al pil pil

INGREDIENTES

2 tacos de bacalao
3 ajos enteros
Aceite de oliva
2 cayenas

PREPARACION

Comenzamos poniendo en una sartén una buena cantidad de aceite. En él pochamos 3 ajos y una cayena. A los 3 minutos retiramos los ajos y la cayena.

Freímos los tacos de bacalao en el aceite. Estos son bien gordos, así que los tendremos 4 minutos por cada lado. Una vez fritos los retiramos y reservamos.

Dejamos templar el aceite.

Ahora es momento de ligar la salsa. Vamos poniendo en la sartén el aceite templado y poco a poco vamos “batiendo” con la ayuda del colador. Con un poco de paciencias veréis que la salsa se ha ligado y podemos comer un delicioso bacalao al pil pil.

«Cocinar con amor te alimenta el alma»

Magdalenas caseras

INGREDIENTES

350 gr de harina de trigo.
100 ml de aceite de oliva virgen extra.
100 ml de aceite de semillas o de girasol.
250 ml de leche.
3 huevos.
200 gr de azúcar blanco.
1 pizca de sal (la que puedas coger con dos dedos).

PREPARACION

En un bol grande pon los huevos y el azúcar y bátelos enérgicamente con unas varillas manuales o eléctricas hasta que la mezcla se blanquee y el azúcar se disuelva por completo.

Ralla la cáscara de limón y añádela a la mezcla junto con la sal.

Incorpora poco a poco el aceite, tanto el de oliva como el de semillas, y ve mezclándolo para que se integre bien.

A continuación vierte la leche, también poco a poco, y mezcla.

Añade la harina y la levadura tamizadas, es decir, haciéndolas pasar por un colador para que no caigan con grumos ni apelmazadas. Vuelve a batirlo todo hasta que no haya ningún grumo.

Ahora es muy importante que respetes un cierto re`poso de la masa. Realmente puedes directamente preparar la masa y ponerlas en los moldes y al horno, pero para conseguir un acabado perfectamente esponjoso lo ideal es que tapes el bol con papel film y lo introduzcas en la nevera. Si quieres puedes dejar la masa lista desde la noche anterior, pero realmente con 30 minutos (que es lo que hemos dejado esta vez las magdalenas ) será suficiente.

Precalienta el horno a 200 ºC

Mientras, pon en el molde para magdalenas las cápsulas de papel o bien utiliza directamente cápsulas de silicona sobre una bandeja de horno y vierte en ellos la masa, de forma que solo ocupen las 3/4 partes del mismo para que la masa no se derrame y tienda a ese copete superior que buscamos.

Es opcional, pero te recomiendo espolvorear un poco de azúcar blanco encima de la masa para que se forme la característica costra de azúcar que le da el toque tradicional y artesano definitivo. Eso sí, no te pases, solo un poquito (lo que puedas pellizcar con dos dedos) porque si le echas demasiado puedes arruinar la subida de la masa debido al peso.

Cuando el horno esté a 200ºC introduce el molde o la bandeja de horno con la masa en él a media altura, y hornea entre 15-20 min. Recuerda poner solamente la resistencia de arriba y la de abajo, nada de ventilador central, porque si tu horno no reparte bien el calor cada magdalena quedará más subida de un lado que de otro. Y por supuesto, ni se te ocurra abrir la puerta del horno a media cocción porque dejarían de subir.

Estarán listas cuando empiezen a dorarse, y estate pendiente porque puede ser cuestión de un minuto más que empiecen a tomar un tono demasiado oscuro. Si tienes dudas, haz la prueba de la varilla: pincha con un palillo o varilla una magdalena, y si sale sin restos pegados, están listas. Si no es así déjalas algún minutillo más.

Sacalas del horno y déjalas reposar.

Coge las magdalenas y ponlas encima de una rejilla para que terminen de enfriarse.

Una vez están completamente frías las magdalenas, están listas para degustar.

Puedes conservarlas en una bolsa de plástico bien cerrada, así se mantendrán jugosas (eso sí, siempre y cuando estén completamente frías). Ya las puedes degustar acompañadas de un buen café o té.

«Cocinar con amor te alimenta el alma»