Vieiras Rellenas de marisco

Buenos dias!! hoy hemos preparado unas estupendas vieiras rellenas!!! espectaculares han quedado

INGREDIENTES:

800g de vieiras (pueden ser congeladas )
150g de gambas
300g de mejillones frescos
1 pimiento rojo pequeño
1 pimiento verde pequeño
1 cebolla
3 dientes de ajo
5 cucharadas de tomate frito
1 vasito de vino blanco
1 vasito de agua
1 cucharadita de harina
sal
pimienta
aceite

bechamel y queso para gratinar

ELABORACION:

Si las vieiras y las gambitas son congeladas, las descongelaremos bien escurriendo todo el agua que sueltan.

Coceremos los mejillones hasta que se abran y reservamos.

Picamos muy finito los pimientos y la cebolla

En una sartén con un chorrito de aceite rehogamos cebolla y pimientos.

Cuando este bien pochada añadimos los dientes de ajos machacados y sofreimos.

Vertemos la harina y doramos ligeramente.

Añadimos el tomate frito y sofreimos un par de minutos.

Vertemos el vino y dejamos reducir, sazonamos.

Añadimos las vieiras y el agua y dejaremos hervir 8min. o hasta que esten tiernas.

Cuando queden un par de minutos a las vieiras, añadimos las gambas

Apagamos y echamos los mejillones. Trituramos un poco toda la mezcla. Ya tenemos preparado nuestro delicioso relleno de marisco para las vieiras.

Hacemos una bechamel y vertemos la mezcla.

Limpiamos bien las conchas de vieiras. Puedes reciclar las conchas para próximas ocasiones.

Rellenamos con nuestra salsa de mariscos.

Espolvoreamos el queso rallado.

Gratinamos en el  horno hasta que el queso este bien fundido.

ummm deliciosas

“Cocinar con amor te alimenta el alma”

Puerta de Santa Maria

El arco de Santa María fue la puerta más importante de las Murallas de Burgos. Se construyó a finales del siglo XIII sobre una antigua torre que protegía el puente de Santa María sobre el rio Arlanzon. La fachada principal, que tiene forma de retablo, se levantó en 1536, por Francisco de Colonia y Juan de Vallejo. La obra se concluyó en 1553 con la instalación de las esculturas que fueron labradas por el escultor Ochoa de Arteaga. En el centro aparecen las representaciones del emperador Carlos V, el Cid Campeador y el Conde Fernán González. En la zona inferior hallamos las figuras de Diego Porcelos, fundador de Burgos, y de Nuño Rasura y Laín Calvo,  jueces de Castilla. Arriba se encuentra el Ángel Custodio de la ciudad que porta una maqueta de la urbe y la figura de Santa María. En el intradós del arco aparecen unas pinturas alegóricas, de tema mitológico, realizadas por el pintor Pedro Ruiz de Camargo en 1600, que se realizaron para conmemorar la visita de Felipe III.

En el interior destaca la Sala de la Poridad, cubierta con un artesonado mudéjar, donde se reunían los regidores para tratar los asuntos ciudadanos. Igualmente destaca el gran mural del conde Fernán González, pintado por Vela Zanetti en 1971, y el Museo de Farmacia, con botes cerámicos de los siglos XVII al XIX.

Catedral de Burgos

La Catedral de Burgos es uno de los más bellos monumentos del arte gótico y ha merecido el título de Patrimonio de la Humanidad (1984). La Santa Iglesia Catedral Basílica Metropolitana de Santa María de Burgos se comenzó a construir en 1221, siguiendo patrones góticos franceses. Tuvo importantísimas modificaciones en los siglos XV y XVI, como las que afectaron a las agujas de la fachada principal, la Capilla del Condestable y el cimborrio del crucero, elementos del gótico avanzado que dotan al templo de su perfil único e inconfundible. Las últimas obras de importancia (realizadas en la Sacristía o la Capilla de Santa Tecla) pertenecen ya al siglo XVIII, siglo en el que también se modificaron las portadas góticas de la fachada principal. El estilo de la catedral es el gótico, tambien posee en su interior varios elementos decorativos renacentistas y barrocos. La construcción y las remodelaciones se realizaron con piedra caliza extraída de las canteras de la cercano pueblo de Hontoria de la Cantera.

En la catedral se conservan obras de artistas extraordinarios, como los arquitectos y escultores de la familia Colonia (Juan, Simón y Francisco), el arquitecto Juan de Vallejo, los escultores Gil de Siloé, Felipe Bigarny, Rodrigo de la Haya, Martín de la Haya, Juan de Ancheta y Juan Pascual de Mena, el escultor y arquitecto Diego de Siloé, el rejero Cristóbal de Andino, el vidriero Arnao de Flandes o los pintores Alonso de Sedano, Mateo Cerezo, entre otros muchos.

El diseño de la fachada principal está relacionada con el más puro estilo gótico francés de las grandes catedrales de París y Reims, mientras que el alzado interior toma como referencia a la Catedral de Bourges. Tiene tres cuerpos rematados por dos torres laterales de planta cuadrada. Las agujas caladas de influencia germánica se añadieron en el siglo XV y son obra de Juan de Colonia. En el exterior son sobresalientes también las portadas del Sarmental y la Coronería, góticas del siglo XIII, y la portada de la Pellejería, con influencias renacentistas-platerescas del siglo XVI.

Fue declarada Monumento Nacional el 8 de abril de 1885 y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el 31 de octubre de 1984, siendo además la única catedral española que tiene esta distinción de la Unesco de forma independiente, sin estar unida al centro histórico de una ciudad.

Un poco de historia

Alfonso VI promovió la construcción de una catedral dedicada a la Virgen María de la que no se conocen sus trazas, pero que se supone románica y del tipo de las obras coetáneas (la desaparecida iglesia del Monasterio de Silos,  la de la Iglesia de San Martín de Frómista, la Catedral de Jaca o San pedro de Arlanza en Burgos). Existe constancia documental de que el monarca donó para la magna obra el recinto que ocupaban un palacio real que había pertenecido a su padre Fernando I y una pequeña iglesia dedicada a Santa María y que se hallaba en construcción.

En 1096 las obras de este templo ya estaban terminadas, pero pronto resultó pequeño para las necesidades de una ciudad que era la capital simbólica del reino, una potente sede episcopal y un centro comercial cada vez más dinámico. La decisión de levantar una nueva catedral se tomó por fin ya iniciado el siglo XIII. Como era común en la época, se destruyó el edificio románico (del que sólo queda algún resto escultórico) y sobre su solar, ampliado con la demolición de unas viviendas contiguas donadas por el obispo Mauricio se levantó la nueva catedral gótica.

La iniciativa de construir un nuevo templo más grandioso que el anterior fue del obispo Don Mauricio al que el rey Fernando III mandó recoger a su futura esposa Beatriz de Suabia en 1219. Es así como el obispo Mauricio recorre un largo camino desde el corazón de Castilla hasta las tierras del Sacro Imperio Romano Germánico atravesando toda Francia. Es fácil suponer que en su recorrido observaría la grandeza del gótico que se estaba erigiendo por aquellos años en Francia y, deseoso de imitarlo, influyó en el monarca para un nuevo y ambicioso proyecto.

En la catedral gótica de Burgos se perciben dos fases identificables: la de estilo gótico clásico (siglos XIII y XIV) que desarrollan los primeros maestros y la segunda de estilo gótico flamígero, protagonizada por la familia Colonia.

La primera piedra se coloca en 1221. No se conoce la identidad del primer maestro de la catedral, aunque es de suponer que fuera extranjero, posiblemente francés, traído por el obispo Mauricio, puesto que trae un modo de construir -el llamado en la actualidad gótico clásico- que es desconocido en la España de comienzos del siglo XIII.

La construcción de la catedral se inició por la cabecera y el presbiterio, lugar éste donde se sepultó al obispo fundador, cuyos restos fueron posteriormente trasladados al centro del coro capitular. Hacia 1240 asumió la dirección de las obras el llamado Maestro Enrique, también de origen galo, que después se haría cargo de la erección de la y que sin duda se inspiró en la Catedral de Reims. Las obras avanzaron con gran rapidez y para 1238 ya estaban casi terminadas la cabecera y buena parte del crucero y las naves. La consagración del templo tuvo lugar en 1260, aunque consta la celebración de oficio divino en él desde 1230.

Entre la segunda mitad del siglo XIII y principios del XIV se completaron las capillas de las naves laterales y se construyó un nuevo claustro. Al maestro Enrique, fallecido en 1277, le tomó el relevo el maestro Johan Pérez, éste ya hispano.

En el siglo XV la familia de los Colonia incorporó las agujas de las torres de la fachada principal, el cimborrio sobre el crucero y la Capilla de los Condestables. En el siglo XVI, además de las modificaciones realizadas en varias capillas, destaca la construcción de un nuevo cimborrio por Juan de Vallejo, que sustituyó al de Juan de Colonia (hundido tras derrumbarse tras un huracán). En el siglo XVIII se realizaron la Capilla de Santa Tecla, la Capilla de las Reliquias y la Sacristía.

Salvo las puertas de la fachada principal, reformadas en soso estilo neoclásico en el siglo XVIII, el resto del templo muestra una bella galanura gótica por doquier. Los principales grupos escultóricos se concentran, como es habitual en el gótico, en las portadas pero también en la Galería de los Reyes.

La fachada occidental del templo está inspirada en las de las catedrales de París y Reims.

En el cuerpo inferior se abre la Portada de Santa María, formada por tres arcos apuntados y abocinados que cobijan la Puerta Real, o del Perdón, el central, y las de la Asunción y la Inmaculada, los laterales. Esta portada era obra del siglo XIII y, con su iconografía dedicada a la Virgen, estaba considerada como la más importante manifestación escultórica de estilo gótico en Castilla, pero su grave deterioro obligó a reconstruir austeramente las puertas laterales, en 1663 por Juan de Pobes, y la central, en estilo neoclásico, con vano adintelado y frontón triangular, en 1790; en los tímpanos de las laterales se colocaron los relieves de la Concepción y la Coronación, salidos de la mano de Juan de Pobes, y en las enjutas, dos arquillos laterales dobles que cobijan sendas estatuillas.

El segundo cuerpo de la calle central de la fachada es obra del siglo XIII y en él se abre un rosetón de estilo cisterciense, con tracería de estrella de seis puntas, o de sello de Salomón. En el tercer cuerpo de la misma calle se abre una elegante galería, jalonada por sendas agujas y varios pináculos, y formada por dos grandes ventanales con maineles y tracería de tres óculos cuadrilobulados; bajo los ocho arquillos que forman los maineles de ambos arcos están colocadas las estatuas de los ocho primeros reyes de Castilla, de Fernando I a Fernando III. Corona la calle una fina barandilla-crestería de arquillos ojivales sobre la que se alza una estatua de la Virgen con el Niño, acompañada de la leyenda, alusiva a la Madre de Cristo, Pulchra es et decora. Este remate fue realizado a mediados del siglo XV por Juan de Colonia.

Sobre las puertas laterales del primer cuerpo se alzan dos torres casi gemelas del siglo XIII y de tres cuerpos, con pilastras decoradas con pináculos y estatuas en sus ángulos, y con decorados vanos ojivales en cada cara de cada cuerpo: uno abocinado con mainel y tracería de óculo, tapado con vidrieras, en el primero; dos geminados sin mainel y sin tracería, en el segundo; y otros dos geminados con mainel y tracería, en el tercero.

Sobre estas torres, a mediados del siglo XV, Juan de Colonia elevó sendas agujas o chapiteles piramidales de base octogonal y de finos calados que configuraron definitivamente la silueta de la seo burgalesa. Su progenie suevoalemana coincide con el proyecto de la Catedral de Colonia, que pudo conocer el maestro Juan, si bien las agujas de la ciudad alemana no se realizaron hasta el siglo XIX. Los chapiteles burgaleses fueron levantados con las aportaciones económicas del obispo Alonso de Cartagena y de su sucesor en la sede, Luis de Acuña, cuyos blasones, junto con los de la monarquía castellano-leonesa, aparecen en los antepechos que conectan con las cúspides de las torres. En estos antepechos el maestro Juan dispuso también la leyenda pax vobis y la escultura de Cristo mostrando las huellas de su Pasión, en uno, y la leyenda ecce agnus dei y una escultura de San Juan Bautista, en el otro.

El edificio construido en la primera etapa del siglo XIIII tiene tres naves de seis tramos, crucero muy saliente en planta, presbiterio de tres tramos más y ábside poligonal, rodeado por una girola que se abre a capillas semidecagonales.

Es un edificio abovedado en su totalidad con crucería simple -salvo los tramos contiguos al crucero que tiene crucería estrellada- en tramos rectangulares, con un nervio de ligazón o espinazo en el sentido longitudinal del templo, característico de la escuela de Burgos, que aparecerá en otras construcciones góticas posteriores de la Corona de Castilla.

Además de la estructura general ya descrita, hay tres elementos muy destacables: el interior de la Capilla de los Condestables, la espectacular belleza del cimborrio, de estilo plateresco y la Escalera Dorada, obra de Diego de Siloé. El interior del templo acumuló durante siglos todo tipo de obras de arte: retablos, pinturas, orfebrería, sepulcros monumentalizados, etc.

Estamos orgullosos los burgaleses de esta maravilla!!!

Venid a visitarla!!!

Catedral de Santa Maria en Burgos

 

Receta :Quesada

Deliciosa quesada casera para chuparse los dedos

 

Ingredientes:
•350 g. harina.
•500 g. azúcar.
•230 g. mantequilla derretida
•2 yogures de limón
•4 huevos. L
•1 litro de leche entera
•Ralladura de un limón.
•Pizca de canela en polvo.

Elaboración

1 Precalienta el horno a 180ºC con calor arriba y abajo.
2 Forra el molde con papel de hornear.
3 Mezcla la mantequilla, los yogures, los huevos, el azúcar y la ralladura de limón
4 Agrega la harina, la canela y la mitad de la leche, continúa mezclando.
5Incorpora el resto de la leche y mezcla bien. Vierte la mezcla en el molde, ten cuidado porque queda muy líquida, está bien, no te preocupes, pero atenta a que no se vuelque cuando introduzcas la bandeja en el horno.  Hornea entre 50 y 60 minutos hasta que veas que adquiere un bonito color dorado.  Deja enfriar y desmolda.

                                “Cocinar con amor te alimenta el alma”

Receta :Canutillos de crema

Deliciosos canutillos de crema!!!

Solo hay que tener un poco de paciencia

INGREDIENTES

150 gr de harina de fuerza
La ralladura de 1/2 limón
50 gr de aceite de oliva
75 gr de agua tíbia
1 cucharadita de licor de anís o vino dulce (opcional)
Una pizca de sal
Aceite para freír
Azúcar y canela para rebozar los canutillos
Crema pastelera :   1/2 litro de leche entera
4 yemas de huevo
125 gr de azúcar
40 gr de maizena o almidón de maíz
Una cucharadita de esencia de vainilla

Elaboración:
Comenzamos echando la harina en un bol amplio; le añadimos una pizca de sal y la ralladura de limón y mezclamos bien.

Seguido añadimos el aceite, el agua que tiene que estar tíbia y de forma opcional una cucharada de licor de anís o de un vino dulce.

Con la ayuda de una cuchara de madera mezclamos todo bien.

Después pasamos la masa a una mesa limpia y amasamos como unos 5 minutos hasta que la masa este lisa y homogénea; aunque tiene que resultar un tanto pegajosa.

Envolvemos la masa con papel transparente de cocina y guardamos en el frigorífico 1 hora aproximadamente para que repose y se endurezca.

Mientras reposa la masa podemos hacer la crema pastelera; ponemos la leche a calentar reservando un poco.

Por otro lado mezclamos las yemas de huevo, el azúcar, la maizena, una cucharidita de esencia de vainilla y la leche reservada, mezclamos bien para que no tenga ningún grumo.

Cuando la leche haya hervido la vertemos sobre la crema anterior y llevamos todo al fuego hasta que espese, removiendo constantemente.

Sacamos a un recipiente frío y tapamos con papel film sobre la superficie para que no le salga costra y dejamos que se enfríe.

Pasado el tiempo de reposo estiramos la masa hasta que quede bastante fina, después la cortamos en tiras y con cada una de ellas envolvemos los moldes para hacer los canutillos.

Yo he utilizado moldes metálicos de aluminio, se pueden encontrar en cualquier ferretería o tienda de menaje de cocina.

Como os decía envolvemos los moldes de tal forma que no queden huecos.

En una sartén honda ponemos abundante aceite a calentar, cuando este caliente bajamos el fuego a medio-alto y freímos por tandas los canutillos hasta que estén bien dorados.

Sacamos a un plato con papel absorbente de cocina y retiramos el molde.

Ahora pasamos por la mezcla de la canela y el azúcar.

Y finalmente rellenamos los canutillos rellenos de crema o cañas fritas con la crema pastelera que habremos metido en una manga.

Y los tenemos listos para comer.

                                               “Cocinar con amor te alimenta el alma”

Receta: Tejas de almendra y chocolate.

Nunca nos amarga un dulce¡ Por eso traemos la receta de Tejas de almendra y chocolate.

Son unas pastas que enamoran tanto por su sabor como por su aspecto, perfectas para acompañar un té o un café.

INGREDIENTES:

  1. 20 gr. de Harina.
  2. 100 gr. de Almendra laminada.
  3. 1 Huevo + 1 clara.
  4. 100 gr. de Azúcar.
  5. 40 gr. de Mantequilla .
  6. Una pizca de Sal.
  7. Chocolate negro entre 75% y 85%.

PREPARACIÓN:

En primer lugar, tamizamos la harina y la sal. Lo reservamos todo junto en un bol.
En otro bol batimos ligeramente el huevo y la clara de huevo junto con el azúcar. Una vez batido le incorporamos los ingredientes secos ( harina y sal ), volvemos a batir.
Para finalizar le incorporamos la mantequilla derretida y batimos todo de nuevo.
La pasta ya la tenemos preparada.
Calentamos el horno a 180 º C y preparamos un rodillo o algo similar que nos permita moldear la galleta en forma semicircular.
Preparamos una bandeja de horno con papel sulfurizado ( el papel para horno de toda la vida ), llenamos una cuchara de postre con la pasta y con el lado posterior de la misma cuchara aplanamos la pasta para darle un grosor fino y una forma redondeada en forma de disco, cubrimos por encima con la almendra laminada. Podemos hacer unas 9 galletas por hornada, dejando entre ellas una pequeña separación.

Las sacaremos del horno cuando veamos que tienen un aspecto esponjoso, aproximadamente 5-6 minutos.
Una vez las saquemos del horno, rápidamente las colocaremos encima de un rodillo o similar para que las galletas cojan la forma semicircular, dejamos enfriar y retiramos.

Una vez estén frías bañaremos el lateral que no tiene almendras en chocolate fundido, si las almendras quedan por ambos lados cada uno puede elegir por cual dar el baño. Para ello derretimos a fuego lento el chocolate, evitando que se queme y bañamos la galleta.

Y listas nuestras Tejas de almendra y chocolate¡

“Cocinar con amor te alimenta el alma.”

Receta: Cangrejos a la burgalesa.

En esta época del año es posible degustar cangrejos a la burgalesa, un plato típico de la región. Un plato para chuparse los dedos¡

INGREDIENTES: 

  1. 1 kg. de cangrejos de río vivos.
  2. 2 dientes de ajo.
  3. Perejil.
  4. Pimienta negra.
  5. 6 cucharadas de salsa de tomate o tomates naturales.
  6. ½ vaso de vino blanco de rueda.
  7. Sal.
  8. Pimiento verde.
  9. Aceite de oliva.

PREPARACIÓN:

Lavamos los cangrejos y reservamos con cuidado no se nos escapen.
En un mortero machacamos los ajos y el perejil fresco. Troceamos el pimiento verde.
Lo echamos todo en una cazuela con un buen chorro de aceite y lo dejamos que se fría un poco.
Añadimos la pimienta molida.
Incorporamos los cangrejos vivos, da un poco de pena pero el sabor es mucho más rico y la carne queda más prieta, y los rehogamos hasta que cambien su color al rojo.
Echamos la salsa de tomate (se puede utilizar tomates naturales que se deshagan en la cazuela) y removemos.
Regamos con el vino blanco y salamos.
Dejamos cocer unos 10 minutos, dando vuelta de vez en cuando.
Servimos con la salsa por encima.

 

“Cocinar con amor te alimenta el alma.”

Receta: Flores de manzana.

Hoy os presentamos una receta que ademas de su exquisito sabor tiene una cuidada presentación para las ocasiones especiales: Flores de manzana.

Un postre que os atrapara por su encanto.

INGREDIENTES:

  1. 3 manzanas.
  2. 1 lámina de hojaldre.
  3. zumo demedio limón.
  4. Agua.
  5. 3 cucharadas de mermelada.
  6. 1 cucharada de canela en polvo.
  7. 1 poco de azúcar glas para decorar.

PREPARACIÓN:

Colocamos agua con el zumo de limón en un bol grande.
Lavamos las manzanas las cortamos en cuartos y les quitamos el corazón. Luego sacamos rodajitas finas de manzana y las metemos al bol.
Metemos el bol al microondas durante 5 minutos.
Por otra parte estiramos bien el hojaldre y cortamos en tiras largas de 5 o 6 cm de grosor.
Calentamos la mermelada en el microondas para que se ponga líquida, la removemos un poco y colocamos un poco pintando el centro de cada una de las tiras.
Espolvoreamos algo de canela molida por encima de la mermelada.
Colocamos los gajos finos de manzana a lo largo de toda la tira de hojaldre, la colocación ha de hacer que sobresalga por encima cada gajo y ala vez no llegue mas que ala mitad de la tira.
Esto nos permite una vez colocadas todas los gajos, doblar la tira para hacer una especie de sobre donde sobresalga la manzana.
Enrollamos la tira sobre si misma y veras como se va formando la flor.
Colocamos cada flor en un recipiente para horno de magdalenas o flanes  previamente untado con mantequilla para facilitar el desmolado.
Horneamos a 190º (horno precalentado previamente) durante 40 a 45 minutos.
Espolvoreamos un poco de azúcar glas por encima antes de servir estas deliciosas flores de manzana.

Y tenemos listo este delicioso postre en forma de una rosa que adornará nuestra mesa y será de gran disfrute para los comensales.

“Cocinar con amor te alimenta el alma.”

 

El Papamoscas.

Estrenamos nuestra pestaña ¿Qué ver en Burgos? con el Papamoscas, un reloj que no deja a nadie indiferente por su singularidad.

Una de las preguntas que mas nos hacen al entrar a la tienda es donde poder ver el Papamoscas (muchas veces nos preguntáis por el papa o el papanatas o el patatas… y no podemos ocultar nuestra sonrisa), y por ello queríamos que el antiguo reloj seria el primero en esta sección. La mejor hora de visitarlo son las doce del mediodía ya que es cuando mas veces abre su boca. 

El Papamoscas está situado en lo alto de la nave mayor, en el ventanal sobre el triforio a unos 15 metros de altura, en el primer tramo de los pies de la basílica. Se trata de una figura de medio cuerpo que se asoma sobre la esfera de un reloj. Viste al estilo cortesano con una casaca encarnada con cinturón y con los cuellos, bocamangas y hombreras de color verde. Los rasgos de su rostro son mefistofélicos y muestra una partitura en su mano derecha. Con esta misma mano empuña la cadena del badajo de una campana. Cada hora en punto se acciona un mecanismo que mueve el brazo que provoca los campanazos. 

Burgos, tras ser convertida sede episcopal en 1075 por el rey Alfonso VI, comenzó a construir su magnífica catedral en 1221, siguiendo los patrones góticos franceses de las Grandes Catedrales de Reims y París. Tras numerosas modificaciones, sobre todo durante los siglos XV y XVI, en la actualidad podemos disfrutar tanto de su exterior como de su interior, y es en este último donde encontramos una figura que nada tiene que ver con las capillas, relieves, pinturas y retablos que la rodean: el Papamoscas.

No se sabe con certeza cómo llegó a parar allí esa enigmática figura, puede que de algún taller relojero de Venecia, pero el paso del tiempo hizo que se le asociara a una fascinante leyenda popular, una historia de amor imposible:

Cuenta la leyenda que la legendaria Catedral de Burgos recibía todos los días una visita real que vestía de incógnito, se trataba del rey Enrique III el Doliente, que era un fiel cristiano que acudía todos los días a rezar. Un día, el joven rey se encontraba rezando, cuando al levantar su mirada, vio a una hermosa dama que se había arrodillado frente a la tumba de Fernán González. De vez en cuando el joven la miraba. Cuando la muchacha se dispuso a salir de la catedral y pasó por su lado cruzó una fugaz mirada con el rey. Enrique III decidió seguirla a distancia para conocer donde vivía.

Todos los días, el rey cuando entraba en la Catedral de Burgos, buscaba con su mirada a la bella mujer. Su corazón solamente se reconfortaba cuando la veía orar frente a la tumba. Durante largo tiempo la siguió hasta su casa sin ser capaz de hablar con ella. La timidez tan profunda que padecía el rey le impedía dirigirse a la joven. Pero la muchacha, que se había dado cuenta que era observada dentro de la catedral y era seguida todos los días a su casa, decidió intentar que el joven rey le dedicara unas palabras de esperanza. Cuando la hermosa mujer pasó a su lado dejó caer disimuladamente su pañuelo a los pies del joven. Enrique III se apresuró a recogerlo pero en lugar de devolverlo lo guardó a la altura de su pecho. Con una leve sonrisa, pero sin mediar palabra, el rey dio a la joven un pañuelo suyo. La muchacha esperó que él le dijera algo pero éste bajó la mirada y no supo pronunciar palabra alguna. Cerrando sus ojos llorosos, la muchacha se dio la vuelta y se dispuso a salir. Pero antes que llegara a la puerta emitió un lamento tan desgarrador que el eco de la catedral se encargó de hacerlo, aún más, ensordecedor.

Al día siguiente, Enrique III regresó a la catedral para orar. Cómo todos los días dirigió su mirada a la tumba de Fernán González. Pero para su dolor, la joven no estaba allí. El rey la buscó por todos los rincones y al no encontrarla se dispuso a rezar. Pero continuamente giraba su cabeza y sus ojos la buscaban con esperanza de volverla a ver. Mientras, aquel lamento resonaba con fuerza en su interior. Pero la bella muchacha ya no regresó a la catedral. Y un día tras otro, el alma atormentada del rey oraba pidiendo fuerzas para no desfallecer. Un día decidió ir a la casa donde la había visto entrar muchas veces. Con gran sorpresa, vio que el edificio tenía un lamentable estado de abandono: la puerta abierta, las ventanas rotas, el interior desordenado y sucio. Enrique III no entendía nada. Solo sentía en su interior un gran desaliento que le paralizaba la respiración. Buscó, entró y no halló. Todo tenía la apariencia de haber estado abandonado durante años. Y así se lo confirmó un vecino. Los habitantes de la casa habían muerto, hacía décadas, enfermos de peste.

Muy abatido, el rey regresó al castillo y durante días no salió de él. Las visiones de la muchacha recogiendo su pañuelo, la mirada dulce de ella y aquél lamento desgarrador le estaban debilitando rápidamente su salud. Preocupados sus médicos, ordenaron al rey que saliera a pasear todos los días por los alrededores de Burgos. Al atardecer, Enrique III caminaba en solitario para intentar distraerse. Una tarde, tan absorto estaba en sus pensamientos, que andó mucho más de los acostumbrado. Cuando volvió a la realidad, se dio cuenta que se había perdido. Intentó regresar rápidamente sobre sus pasos ya que comenzaba a anochecer. Sin embargo, fue incapaz de recordar el camino. Sin darse cuenta, iba en dirección contraria internándose cada vez más en el bosque. Cayó la noche y un silencio aterrador lo cubrió todo. Solo se escuchaba las pisadas torpes y la respiración entrecortada del rey.

De pronto, el joven comenzó a escuchar movimientos extraños detrás de unos matorrales cercanos. Unos ruidos que le helaron la sangre. Se oían respiraciones fuertes que erizaban la piel, se escuchaban muchas pisadas que rompían las ramas al pasar. Preso del pánico, el monarca salió corriendo desenvainando su espada al mismo tiempo. Pero unos ojos brillantes paralizaron su carrera completamente. Doce ojos hambrientos de carne humana. Seis lobos le habían acorralado sin dejar hueco para poder escapar. Los animales le atacaron y el rey supo defenderse con su espada. Golpeaba al que sentía más cerca sin desfallecer mientras las fauces del resto intentaban clavarse en su cuerpo.Pero el joven rey cada vez más cansado por el esfuerzo comenzó a debilitar sus golpes. Cuando ya había decidido dejarse vencer, de pronto, en el bosque sonó un lamento desgarrador, tan profundo y lastimero que asustó a los lobos que salieron como almas perseguidas por el diablo.A Enrique III se le paralizó por unos minutos el corazón. Cuando todo quedó nuevamente en silencio apareció la figura de la muchacha de la Catedral de Burgos ante él. Esa joven que tanto amaba y recordaba. El rostro de la dama, que siempre había sido muy hermoso, esta vez estaba marcado por el dolor y la tristeza. Unos ojos brillantes, unas mejillas húmedas, una piel blanquecina y unos labios inmóviles y muy prietos. El joven rey, seguía escuchando pequeños lamentos que salían de ella. Pero no los pronunciaba su boca, parecían surgir desde su corazón. Esta vez, el rey se encaminó hacia ella decidido a abrazarla y besarla. Pero la muchacha le apartó delicadamente y le dijo:

«Te amo porque eres noble y generoso; en ti amé el recuerdo gallardo y heroico de Fernán González y el Cid. Pero no puedo ofrecerte ya mi amor. Sacrifícate como yo lo hago…»

Y después de pronunciar estas palabras, la muchacha cayó rendida a sus pies. En su mano derecha apretaba con fuerza el pañuelo que en su día él le dio. Lo había acercado a su corazón. Pasó la noche el rey al lado de su amada y cuando comenzó la luz del amanecer a nacer de nuevo, él regresó a Burgos. Atormentado su corazón y queriendo inmortalizar su amor, mandó a un artesano morisco que creara una figura para colocarla encima de un reloj veneciano en el interior de la Catedral de Burgos. Además, intentando eternizar el lamento que resonaba continuamente en su interior, pidió al artesano que la figura emitiera un sonido al toque de las horas.

Pero el artesano no era excesivamente hábil y no supo reproducir la belleza de la joven. Creó una figura muy grotesca que, además, emitía un grito estridente que provocaba las burlas y las risas de los fieles en el interior de la catedral. Este fue el último intento de Enrique III para inmortalizar el recuerdo de aquella muchacha a la que nunca se atrevió a contar sus sentimientos y el Papamoscas, como así lo llamaron porque abría y cerraba la boca cada vez que daba las horas, se convirtió en objeto de innumerables visitas de los peregrinos del Camino de Santiago que entraban en la Catedral de Burgos para buscar descanso…

 

Esta es la historia del reloj del Papamoscas el cual ha inspirado muchas coplas y canciones populares, una de ellas dice así:

El Papamoscas soy yo

y el Papamoscas me llamo,

este nombre me pusieron

hace ya quinientos años.

Desde esta ojiva elevada

contemplo la gente loca

que corre apresurada

para verme abrir la boca.

Y que contentos me miran

sin cansarse de esperar;

a los listos y los tontos

los engaño de verdad.

Porque no es el Papamoscas

el que solo hace la fiesta,

también los que estáis abajo

y tenéis la boca abierta.

Receta: Callos a la burgalesa.

De cara a estos días festivos que van a comenzar en Burgos y viendo que el frío no quiere abandonarnos hemos decidido subir una receta tradicional de nuestra ciudad: Callos a la Burgalesa.

Los callos son un sabor tradicional de muchas ciudades españolas y por eso queríamos mostraros el toque que se les da en Burgos ya que no llevan garbanzos como por ejemplo si que llevan en Madrid o en la zona de Andalucía.

INGREDIENTES:

  1. 2 kilos de callos de ternera (incluido morro).
  2. 1/2 pata troceada
  3. 300 g de chorizo fresco.
  4. 500 ml de salsa de tomate.
  5. 1 vaso de vino blanco.
  6. 1 pimiento choricero.
  7. 1/2 guindilla.
  8. 2 hojas de laurel.
  9. 1 tomate.
  10. 1/2 cebolla.
  11. aceite de oliva.

PREPARACION:

Antes de nada lavar los callos con vinagre, sal y limón.

Partir los callos en cuadros de 3 a 4 cm. de lado, ponerlos en agua fría con vinagre, sal y limón, lavar bien durante 3 o 4 minutos, tirar el agua y repetir lo mismo dos veces más. Dejamos los callos en agua limpia y fría durante 1 hora. Seguidamente los escurrimos y los ponemos en una olla exprés.

Incorporamos el pimiento, la guindilla, laurel, tomate natural, cebolla y un vaso de vino blanco, y lo cubrimos de agua hasta que pase dos centímetros por encima de los callos. Si el agua sobrepasa la línea del nivel máximo de la olla, hay que quitar callos.

Cerramos la olla y la ponemos a fuego vivo. Cuando empiece a sonar la válvula reducimos el fuego y dejamos cocer durante una hora. Retiramos la olla del fuego y lo dejamos sin abrir 15 minutos más.

Un buen truco para abrir la olla es, conforme está cerrada, ponerla debajo del grifo de agua fría durante un minuto para que la presión sea mínima, aunque siempre hay que abrirla con precauciones.

Una vez que ya tenemos los callos cocidos, ponemos en una cazuela con aceite el chorizo cortado en trozos de 1/2 centímetro aproximadamente, lo freímos durante tres minutos, añadimos la salsa de tomate y después los callos, mezclamos todo bien y terminamos. Probamos de sal y de picante y rectificamos al gusto.

 

Y nuestros callos a la burgalesa están listos para degustar¡

“Cocinar con amor te alimenta el alma.”